Su atención por favor, señores opositores. No se pueden comer a los caníbales y luego proclamarse vegetarianos sacrificados con hambre de justicia. Por si no queda claro, la metáfora indica que responder a la autocracia K con otras prepotencias similares terminará dando un resultado de suma cero. Una especie de perinola nacional repetida: ponen algunos y pierden todos.
Es cierto que acumular humillaciones políticas durante siete años activa el gen de la venganza en cualquiera con sangre caliente en las venas, pero eso no otorga derechos extraordinarios ni justifica pagar con el ojo por ojo, diente por diente. La nueva mayoría variopinta e inestable en el Congreso puede constituirse en un freno al desenfreno pero no en una nueva hegemonía.
Esta fue la semana más larga y patriotera en lo que va de 2010 por su intensidad, su crispación y sus increíbles desatinos verbales. Una jefa de Estado que se burla del Congreso en su propia cara y disfruta del ardid de los decretos urgentes maquinados por su marido para esquivar cualquier freno y ponerse por encima de la ley. Una oposición que retoma el control del Parlamento y busca eyectar de un puntapié y en una tarde a la titular del Banco Central. Y la frutilla del postre con la misma Presidente, abogada de profesión, que en un discurso posterior ventila intimidades de una jueza, denuncia actitudes golpistas y amenaza con desacatar los fallos adversos.
En apenas siete días, el año del Bicentenario se convirtió en la escena donde los políticos del siglo veintiuno recrearon fielmente los tiempos de la anarquía del siglo diecinueve. Curiosa o pertinente manera de celebrar doscientos años de un país en el que la organización nacional resultó muchas veces una maqueta de cartón pintado.
¿Qué seguirá a continuación si la cordura no retorna a la mesa de los argentinos? ¿Cristina Fernández por cadena nacional anunciando que la quieren derrocar como a Zelaya en Honduras si no puede usar las reservas para pagar la deuda? ¿Néstor Kirchner vociferando en Olivos que si no le obedecen como a Luis XIV se va con su mujer al Calafate y le tiran por la cabeza el gobierno a Cobos?¿ El kirchnerismo rentado en las calles defendiendo la revolución de los subsidiados? ¿La oposición pidiendo a Duhalde y a Carrió una tregua para formar un gobierno patriótico de falsedad nacional? Como se verá, lo desopilante, después de lo escuchado y visto en los últimos días, no puede ser tan fácilmente descartado.
Un camino para alcanzar el sosiego y tal vez el auto aprendizaje sería, como propone el filósofo Santiago Kovadloff, que la sociedad reflexione con sincera humildad sobre su propia mediocridad. La que condujo en plena democracia y con votos legítimos a este campo de batalla, mentiras y agravios al por mayor que la envuelve en una atmósfera asfixiante. Y en esa vía de contrición sobresale especialmente una obligación de los opositores que hoy alzan tenedor y cuchillo para engullirse al matrimonio beligerante de un bocado.
Columna publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba
Hay litros de tinta vertidos en papel para demostrar que uno de los males crónicos del país es el caudillismo. Sus derivados son: personalismos, centralismos, autoritarismos, fanatismos, maniqueísmos y tantos ”ismos” como el ego y la ambición de poder de sus protagonistas permitan. Es obvio que su reiteración a lo largo de nuestra historia muestra al desnudo una sociedad proclive a engendrar y justificar estas deformaciones hechas a su imagen y semejanza.
La resurrección efímera de Carlos Menem, con su faltazo caprichoso al Senado el día en que la oposición se relamía confiada por la derrota kirchnerista, desnudó un momento patético de la política argentina. El ex presidente, acosado por unas cuantas causas judiciales y por el dolor de ya no ser, encontró su minuto para llamar la atención del país que lo “ningunea” aunque la acusación directa recaiga sobre antiguos compañeros leales que hoy le escapan como a la lepra.
La consecuencia fue un resquicio de oro que encontró el oficialismo para postergar su caída y burlar a una oposición que se miraba perpleja y ruborizada por no haber previsto la picardía del caudillo despechado. Fue muy revelador que Alberto Kohan homologara a su ex jefe con Martín Palermo, porque “dicen que está acabado pero de vez en cuando hace buenos goles”. Es la entronización de la viveza y la chicana como el arte de la política criolla.
Menem lo hizo y Kirchner lo disfrutó. Si, el mismo que se tomó los genitales cuando el primero asumía en la Cámara Alta. Los dos ex presidentes unidos por el cordón del ego deformado que no acepta el ostracismo ni la declinación. Al cuadro lo completó Eduardo Duhalde, miembro de la estirpe que sueña con volver a ser el que era, quien desde la periferia acusó de ingenuidad a la oposición y de falta de vocación de poder a ciertos sectores del radicalismo. El patrón de Lomas de Zamora navega entre un discurso ecuménico que comparte con Rodolfo Terragno y su promesa bélica de borrar a Kirchner del territorio bonaerense y hundirlo en las internas del PJ.
Son imágenes fuertes que indican un punto de inflexión o de desgaste de las viejas artimañas que luchan por mantenerse vigentes. La duda se presenta en los métodos de reemplazo que utilizarán aquellos que dicen estar asqueados de un gobierno extorsivo que potenció la discordia y le sacó rentabilidad a la división del país. Es una pregunta que campea los pasillos del Congreso donde por estos días se estrenan acuerdos frágiles entre adversarios crónicos.
¿Quién asegura que Julio Cobos, Carlos Reutemann, Elisa Carrió, Mauricio Macri o Francisco De Narváez no estén impregnados del personalismo y el egocentrismo que corroe la vida institucional de la Argentina? Algunos por exceso de locuacidad y otros por carencia de palabras prolongan con sus actitudes la desconfianza y la sospecha. Por ahora nadie asegura con pruebas concluyentes haber superado la trampa del genoma obtuso que nos condena siempre al carácter enfermizo de los caudillos.
(Columna publicada el domingo en el diario Día a Día de Córdoba)
La naturaleza es sabia. Cuando un animal se encuentra herido y se ve amenazado, tiende a ocultar su debilidad lanzando un ataque al posible agresor. Sobreactúa una fortaleza que no tiene como intento desesperado de supervivencia. La política concebida en términos salvajes o el poder vivido irracionalmente se revelan con similares instintos.
¿Qué otra cosa es sino una debilidad expuesta, el rosario de discursos agresivos que se suceden día tras día en boca de la Presidente. Su contenido explícito es de ataque a la prensa “inmoral”, a los opositores inútiles, a los intereses confabulados contra su modelo, a los que inventan la inflación que no existe, a los que no reconocen sus méritos ni los de su marido, en definitiva, a los que no habitan y niegan ese maravilloso país que ellos han construido con justicia social y fútbol para todos.
Esos ataques defensivos, aunque dañan su imagen y devalúan por cansancio sus palabras, tienen razones claras fundadas en hechos concretos. El Congreso dejó de ser aquella escribanía gris que posibilitaba una mayoría propia holgada. La chance de poner límites a los DNU (decretos de necesidad y urgencia), que se intervenga políticamente el INDEC desde el Parlamento o que fracase la apropiación del Fondo del Bicentenario, han puesto al kirchnerismo a parir.
Lo que debería ser saludable para cualquier república, esto es, el equilibrio de los poderes o el freno a uno de ellos cuando se exhibe autoritario, para el matrimonio se transforma en una conspiración golpista que hay que combatir. El problema está en esa concepción totalitaria que no concibe el manejo del poder sino es absoluto y que reduce la convivencia con los demás a la categoría de servidores o enemigos.
Es un verdadero reflejo condicionado el que los conduce al enfrentamiento permanente o a transformar la acción política en una caja de Pandora. No son pocos los que rodean al gobierno y están esperando un “pase mágico” de Néstor para recuperar las riendas desgastadas de su mujer. Desde la anulación de internas abiertas en el PJ hasta el adelantamiento de las elecciones, pasando por toda clase de trucos administrativos que le permitan “hacer caja” mediante el factor sorpresa.
El problema, para los pocos que idolatran la astucia de Néstor es la propia realidad: dibujada por la sombra creciente de una inflación que ya no cabe debajo de la alfombra de Moreno y de un mundo que nos cree poco y nos presta nada. De allí que la desesperación por hacerse de las reservas del Central depare varios capítulos por venir orientados a empresarios y gobernadores necesitados de financiamiento.
La naturaleza es sabia y también despiadada. Los débiles no prosperan aunque sobreactúen una fortaleza que ya perdieron. Por eso el hombre evolucionó hacia las reglas de convivencia y negociación como soportes culturales de la vida en común. Sería sano salir de la prehistoria y aprender que la supervivencia política y el ejercicio del poder ya no dependen ni de la magia primitiva ni del temor al garrote.
(Columna publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba)

El estrés o el rencor le dejaron a Néstor Kirchner una herida visible en su garganta después de la operación exitosa de la carótida. Las causas pueden ser otras o la suma de ellas pero para cualquier mortal es un aviso de que la omnipotencia artificial que da el poder, el dinero, la fama o la política es finita e inexorablemente peligrosa.
La marca de varios centímetros que exhibió sin apósito el ex presidente al salir del sanatorio es toda una metáfora de su manera de andar por la vida y de la impronta que impuso a la convivencia colectiva argentina desde que jugueteó por primera vez con el bastón de mando que le entregó Duhalde en 2003: heridas al aire (abiertas o reabiertas), rasgos de furia y de rebeldía, crispación y transgresión de un país al desnudo.
No es casualidad que la semana termine con mandobles verbales de golpismo entre el gobierno y los radicales por el repetido bailoteo de Julio Cobos entre su función institucional como vicepresidente y sus sueños de candidato salvador de la UCR. La muletilla del “golpe” usada con desparpajo para saldar cualquier controversia política es un signo crónico de las antinomias vivas y de la memoria manoseada con infantiles arrebatos.
Demasiado caros fueron los golpes (de Estado, de mercado, a los ahorros, a la ilusión) como para seguir recreando en palabras su mera posibilidad. Es una confesión impotente de la discordia crónica, de aquello que no se pudo desterrar ni madurar, más allá de intentos provisorios, en los doscientos años de historia que se publicitan hoy como festejo.
Tampoco es azaroso que por estas horas, del otro lado del charco, un presidente uruguayo que purgó 13 años de cárcel por intentar cubanizar su país combatiendo con armas al capital se haya esforzado en seducirlo desde Punta del Este para que los empresarios inviertan y contribuyan a reproducir la riqueza. Todo esto mientras en la primera fila del Hotel Conrad se agrupaban los más férreos opositores para otorgar imagen de unidad a la pretensión de José Mujica.
Menos casual debe ser que en Chile, el multimillonario de derecha elegido como Presidente, Sebastián Piñera, se disponga a gobernar un país ordenado con instituciones sólidas por obra de una concertación que batió un record insuperable en Latinoamérica: convivir, progresar y alternar el poder entre socialistas y demócratas cristianos durante veinte años continuos.
En Uruguay o en Chile no hay romance entre adversarios políticos y sus peleas por las ideas suenan tan duras como las propias. Sólo que han adquirido pacientemente la sabiduría de la conveniencia general, el valor de la estabilidad del sistema por encima de los egos y el efecto curativo de la memoria cuando se recuesta sobre el aprendizaje de la experiencia.
Mientras los vecinos ensayan sonrisas de concordia y sacan patente de confiables en un mundo que compite por seducir, la Argentina política hace ostentación, como Kirchner, de sus cicatrices al aire.
(Columna publicada este domingo en el Diario Día a Día de Córdoba)
“El drama de Kirchner es vivir en blanco, admito que es un problema “, dijo Cristina para justificar la operación de 2 millones de dólares con la que habría adquirido un hotel de lujo en el Calafate en octubre de 2008. El único rubor que se vio en sus mejillas fue el artificial que le aporta el obsesivo maquillaje. Pobre Néstor - pensaban los acólitos y aplaudidores del Salón Blanco- quien lo manda a ser tan claro y transparente en una sociedad que según su mujer, la Presidente, está tan acostumbrada al negro y a la trampa.
Paradójico. La infortunada pareja se siente víctima de la incomprensión pública hacia su fortuna. Ellos, que van a cumplir siete años de poder sucesorio al mando del país, se sienten perseguidos injustamente por periodistas y opositores que hurgan con deleite malsano en el patrimonio familiar. Debieran entender que desde que eran jóvenes y audaces fijaron una meta común: acumular mucha plata para poder hacer política. La billetera llena primero y las ideologías para llenar después.
Quizá uno de los pocos que entendió este lema íntimo de la pareja fue el juez Norberto Oyarbide, ayudado por los contadores que dibujaron pacientemente el blanqueo de un crecimiento del 158 por ciento en un año como si se tratara de una re categorización del monotributo, el magistrado le concedió en tiempo récord su certificado de legalidad y honestidad en la acumulación.
Pero si algo necesitaba este drama es un par de guionistas propios, soldados de la causa que ayuden a comprender mejor el sentido profundo del enriquecimiento. Luis D Elía, infaltable lancero del noble hidalgo de Santa Cruz, recordó que en realidad la base de la fortuna, en este caso no fue el trabajo, sino el abuelo usurero de Néstor a quien habría que adjudicarle los defectos genéticos y la razón de la herencia. En cambio la diputada Diana Conti , después de definirse como estalinista pura, eligió un argumento de supervivencia revolucionaria: “Hay que tener un patrimonio muy grande, una vida hecha y saldada para que tus hijos no te reprochen nada al pelearte con el establishment”.
De seguir el razonamiento bolchevique de Conti, se entiende que los Kirchner, antes que pensar en una sólida jubilación, se abalanzaron sobre los dólares de sus últimos millones como una gesta para costear las declaradas guerras contra el campo, contra los medios de comunicación, contra los buitres especuladores y en especial contra el monopolio Clarín, a quien Cristina acusó de censurarla.
A esta altura del absurdo desplegado en público y sin otro rubor que el de las maquilladoras en televisión ¿no siente un ultraje a la mínima inteligencia, un arrebato impune al sentido común? ¿Será el paso evolutivo argentino de la desfachatez en la función pública que va desde las pieles de María Julia, la pista de Anillaco, la valijas de Amira, hasta las mil y una historias del mercader del Calafate y sus cuarenta testaferros? Finalmente, ¿asumiremos alguna vez la co-autoría de la obra?
(Columna publicada el domingo 7 en el diario Día a Día de Córdoba)

El Bicentenario se estrenará con un típico túnel del tiempo peronista. Duhalde volvió porque dice que nadie quiere, que pocos se atreven y que casi nadie puede armarle a Kirchner una “guerra de guerrillas” en la provincia de Buenos Aires “para echarlo definitivamente” del territorio que definirá su suerte o el ocaso en 2011.
Rompe su palabra de retiro definitivo porque se quiere “sacrificar” destruyendo el clavo que martilló oportunamente en 2003. Vuelve al mejor estilo caudillo de manual hablando de “armar estructuras” y hacer pactos de la Moncloa reclutando lo bueno lo malo y lo viejo como una armada Brancaleone impregnada de justicia política para salvar al país.
Su argumento de ajedrez barrial cundo le preguntan si no está quemado en varios hervores para andar hablando de futuro es que el ya dio paso a lo nuevo cuando bendijo a Kirchner y que el resultado fue un dirigente sin los grandes atributos de otros líderes del pasado y con más vicios por el poder que ningún otro.
Pero antes de aborrecer o indultar a Duhalde, de cambiarle el traje de bombero de 2001 por el de exterminador de pingüinos modelo 2011, hay que bucear en las fallas que posibilitan el retorno del pasado con gabinete incluido, aunque más no sea en la creación de expectativa.
El poder no es de los que miden bien en una encuesta de imagen favorable. El poder le sonríe primero a los que se le animan y después a los que saben convencer a una mayoría para administrarlo. Y el bañero de Lomas de Zamora puso primera y dijo “sí, quiero”, en medio una clase política susurrante y timorata que juega al juego del candidato fantasma desojando la margarita mientras el matrimonio de Santa Cruz manotea cajas, domestica empresarios, y pone precio a gobernadores e intendentes.
Esa es una explicación para el lanzamiento navideño del enterrador de Carlos Menem . La otra es el ejército resentido y mutilado que fue dejando Néstor en su guerra ciega contra todos (los monopolios, los medios, la derecha , el campo, las Fuerzas Armadas, hasta la izquierda insumisa). Son muchos, lamentablemente, los que están dispuestos a cualquier apuesta que satisfaga su revancha contra el máximo humillador de la democracia presente.
Puede que sea sólo un sueño o una pesadilla de verano, y que tengan razón los susurrantes que critican a Duhalde por apresurado. Puede que el acertijo llamado Julio Cobos y su corte de radicales peregrinos sean los favoritos a largo plazo por descarte y no por amor. Pero nadie puede negar hoy que a la Argentina del Bicentenario le faltan tantas luces como rostros frescos, mentes renovadas y atrevimiento político de aquellas generaciones que están llamadas a sucesión.
Importa poco si los viejos caudillos hicieron de los partidos unos árboles estériles que envenenan sus semillas. El regreso de Duhalde debería sacudir la siesta de una sociedad quejosa de sus gobernantes momificados con el poder y a la vez infértil para abonar un futuro con hambre de cambio verdadero.
(Columna política dominical publicada en el diario Día a Día de Córdoba)
Retroceder nunca, rendirse jamás. Antes que por el manual de Perón , Néstor Kirchner parece atrapado por el guión de aquella vieja película de artes marciales que hizo furor en la década del ochenta. Los modos políticos del santacruceño son una réplica criolla de las patadas y las piñas de los seguidores de Bruce Lee . No es casualidad que un secretario de Estado como Guillermo Moreno se haga acompañar a los actos y a las manifestaciones con un ex campeón de Kickboxing.
Si se mira en perspectiva, primero fueron por las Fuerzas Armadas, después por la Corte Menemista, luego comenzaron los escarceos desde el atril de Casa de Gobierno contra periodistas con nombre y apellido del diario la Nación (Escribano o Morales Solá) En ese tiempo Alberto Fernández era parte del riñón pingüino y todavía soñaban con la amistad conveniente de Magnetto y el grupo Clarín.
El punto era no bajarse nunca del ring y al estilo del boxeo espectáculo, si no había rival a la vista había que inventarlo. Así fue que llegó el tiempo de traicionar a Duhalde llamándolo “padrino”, pero poco después sobrevino el enemigo que sedujo automáticamente al ideario setentista nacional y popular, el campo con sus piquetes de la abundancia, la vieja oligarquía vacuna y como si esto fuera poco el voto no positivo de Cobos
En este camino pendenciero a Néstor le fue mejor que a su mujer que no tuvo la misma suerte. Toda vez que Cristina pelea contra alguien con el entrenamiento y los modos de su marido se auto flagela notablemente. No es casual que recoja hoy el porcentaje más bajo de aprobación ciudadana entre una larga lista de líderes latinoamericanos.
Si el campo le resultó un escollo duro y un trance que provocó la deserción de algunos incondicionales, la Ley de Medios y la guerra frontal contra Clarin se parece mucho a esas batallas ciegas que libraban emperadores obsesionados en la eternidad de su poder. Y esta semana comenzó a circular un frío extraño por los pasillos de la Casa Rosada.
Los abusos de Aníbal Fernandez para impedir el accionar de la justicia en una causa menor que involucra a una aliada del Gobierno como Alicia Castro, tuvieron como réplica una andanada de reacciones del Poder Judicial y una embestida concreta de la oposición en el Congreso. Las mayorías han cambiando y la posibilidad del juicio político a miembros del gabinete se vuelve una opción peligrosa de desgaste prematuro con miras a 2011.
Alguien dijo por estos días en las cercanías del despacho presidencial que a los jueces “les agarró un ataque de coraje”. La sorna esconde el temor de una catarata de causas que puedan reactivarse o iniciarse en manos de magistrados que le hayan perdido el temor inquisidor al Consejo de la Magistratura dominado hasta hoy por el Kirchnerismo .
Igualmente Néstor no se achica. A esta hora debe estar practicando las próximas patadas voladoras contra los jueces díscolos. Aunque tenga el rostro morado y flojas las reservas.
(Columna política dominical publicada en el Diario Día a Día de Córdoba)

Camino por Santiago a pocas horas de una elección presidencial y me pregunto si hay alguna relación entre la estabilidad política de veinte años y los canteros de flores intactas, las luces navideñas que forman avenidas aéreas entre los plátanos, las calles sin basura a la vista, el parque automotor y el servicio de transporte moderno y silencioso, imágenes de ciudad con vestigios claros de orden y calidad de vida en su espacio público.
Me pregunto si algunas sociedades encontraron la fórmula para acumular y cuidar el aprendizaje democrático y a la vez seguir batallando con las carencias y las desigualdades que demandan muchos sectores postergados.
Chile exhibe hoy destellos de un país que decidió aglutinarse en torno a la ley, al respeto por la autoridad, y a la confianza en sus instituciones. Pero tampoco oculta que su fracaso en la educación pública hace migrar a miles de chicos hacia escuelas privadas subvencionadas. O el retraso en la cobertura de salud, o la necesidad de incrementar la protección social y reformar la jubilación privada sin expropiar el dinero de aquellos que vienen acumulando sus reservas a futuro.
Con veinte años de alternancia en el gobierno socialdemócrata de la Concertación, al Estado nunca se lo rifó escandalosamente ni se lo resucitó como un ogro voraz y castigador. Ni ausente ni asfixiante, regulador pero no intervencionista. Los gobiernos socialistas de Lagos y Bachellet nunca confundieron ideología con ideologismo, será por eso que sus relaciones políticas y económicas con Estados Unidos son de las mejores del continente.
Políticos de izquierda que padecieron el asesinato de la dictadura en sus familias tuvieron la templanza de hacer valer la justicia sin venganza cuidando que no se desgarre el tejido social en trincheras de rencor.

Me pregunto si esas cualidades constructivas tienen que ver con las chances de gobernar que se le abren a la nueva derecha chilena. Ya sin el fantasma de Pinochet, los candidatos a presidente debatieron cara a cara en cinco oportunidades con asistencia perfecta, en ellos, la seducción por el futuro primó antes que desandar las chicanas del pasado.
Me pregunto qué clase de madurez cívica tiene esta sociedad que le otorga a la mujer que deja la presidencia con un reconocimiento personal del 75 por ciento y a la vez se dispone a confiar en el candidato opositor para los próximos años.
Algo hay en este lado B de la cordillera, en este pequeño país de orgullo nacional visible donde sus políticos se retiran sin escándalos de corrupción, ni enriquecimientos sospechosos, ni amenazas de calabozo para su jubilación.
Solo hace falta caminar con atención y mirar sin prejuicios ni viejas rivalidades las calles de Santiago. Hablar con su gente, bordear entre arboledas el río Mapocho o mezclarse en el gentío del Mercado Central. Están allí, al alcance de cualquiera. Son pequeñas lecciones valiosas en las esquinas iluminadas de Chile

Con Luis Fernández Echegaray en Estación Mapocho, Complejo cultural y centro electoral 2009
Fueron promesas y hoy son problemas. Esta fue la semana en que Daniel Scioli demostró que lo testimonial no fue sólo su candidatura a diputado sino su capacidad de maniobra frente a las tormentas de la provincia. Mauricio Macri descubre que es más fácil hablar en tono de eslogan publicitario que mostrar pericia para salir de atolladeros creados por su propia torpeza.
El motonauta campeón que pudo manejar un bólido en aguas turbulentas y superar con hidalguía la pérdida de una mano hoy se da cuenta que eso que llaman gestión puede ser más peligroso y lacerante que una lancha a máxima velocidad. Scioli había sorteado siempre la caída en desgracia de sus padrinos políticos con gran cintura y poca lealtad. Aprendió rápido con Menem que la traición en el peronismo no es un pecado sino una condición para ser.
Se deslizaba por la política bañado en la imagen positiva de la joven promesa con sonrisa componedora y palabras escasas que hablaban de futuro en el medio de las carnicerías de sus compañeros. Todo funcionó a la perfección hasta que Néstor Kirchner lo abrazó como un oso y no como un pingüino. Al gobernador-motonauta se le acabaron los trucos para salir ileso de las desgracias ajenas.
Kirchner lo obligó a la indignidad política y al servilismo cruel de una marioneta que se dejó manipular hasta el ridículo. Mientras el titiritero era infalible, el muñeco se reía, y ahora que el circo se desploma por la necedad de su dueño, Scioli trastabilla inmovilizado por la mano que lo sacude caprichosamente y por su carencia de acción y convicciones propias.
Sólo así se puede explicar el terremoto político que arrojó del poder a su propio hermano, a un ministro de salud que fue elegido por famoso antes que por experto, y que el accidente de los Pomar y media docena de crímenes se conviertan en el emblema de la inoperancia policial y en la excusa para otra purga en la indomable bonaerense.
Todos estos escándalos se cocinaban a fuego lento mientras Scioli vivía ocupado en reverencias y giras proselitistas que ordenaba el jefe máximo para sus fines personales bajo la amenaza de castigarlo con el látigo de la billetera sino se mostraba dócil.
E l caso de Macri es de manual básico para estudiantes de derecho: nadie puede alegar desconocimiento de la ley o su propia torpeza. Se empecinó como un chico en sostener a un Jefe de Policía sospechado de espía que le armó en su propia casa un mini-gate y se llevó puesto a un ministro de Educación y dejó en capilla al de Seguridad. Como si esto fuera poco y ante la necesidad de exagerar con otros la firmeza que le falta, nombró a un intelectual como Abel Posse, cuya máxima virtud no es la cintura política sino sus convicciones dichas sin anestesia ante un elenco de actores pusilánimes.
Scioli y Macri fueron promesas políticas de un país que votaba los anti políticos. Hoy luchan por sobrevivir en el barro que despreciaron.
(Columna política dominical publicada en el diario Día a Día de Córdoba)
Ni ellos podían creer la escena. Graciela Camaño caminaba resuelta rumbo al sillón de la presidencia y convocaba a la veterana Pinky para iniciar la sesión de jura de los nuevos diputados. Después de años de morder el polvo de la impotencia ante la mayoría impiadosa del kirchnerismo, (salvo la noche no positiva de Cobos) los partidos opositores tenían oxígeno propio y la escribanía oficial trastabillaba.
Cinco meses esperó la ciudadanía para verificar que su voto en las urnas del 28 de junio se podía traducir en un poder corrector y en freno a la angurria de la pareja presidencial. La jugada de adelantar los comicios produjo un tiempo muerto en el que la política siguió el curso de los caprichos y la prepotencia de los que mandan y la falta de ideas y de gestos de los que sólo aparecían como ganadores testimoniales.
Pero aún en la Argentina, donde muchos políticos y militares soñaron alternativamente con reinventar la pólvora, el país, la economía o la ley de la gravedad, los ciclos se cumplen inexorablemente y a cada Napoleón le llega su Waterloo.
Y Néstor lo hizo. Por obra y arte de su insuficiencia crónica para dialogar, condujo a su tropa de leales a ser víctimas de su propia medicina amarga. Era tierno, cuando no patético escuchar las voces oficialistas reclamando respeto institucional a reglas y a pactos parlamentarios que se cansaron de ignorar por más de un lustro. Los paladines de las candidaturas truchas del mes de junio exigían respeto por el reglamento y apego a las buenas costumbres.
Del otro lado estaban todos, unidos por el espanto y no por el amor, por el hartazgo del maltrato y no por las ideas comunes, pero decididos a propinarle una lección a quien jugó de déspota con la billetera sin límites ni códigos. Los más elocuentes eran los pequeños aliados de la centroizquierda, convocados y seducidos para grandes batallas contra la derecha o contra Clarín y luego ignorados en la reforma política oficial que los condena a la extinción o a la cooptación.
Es una mayoría circunstancial, dicen los hombres de la Rosada para mitigar la derrota, y tienen razón. Apenas un vaso de agua en el desierto que obliga a la cautela. Hay muchos egos compitiendo por el protagónico y muchas cacatúas soñando con la pinta de Gardel. El país político ha reaccionado apenas como un enfermo en coma profundo que abre los ojos después de un estado vegetativo. La salud todavía queda lejos y los millones de Néstor siempre estarán muy cerca, como una tentación ardiente en un clima de indignidad pública.
El final del año se llena para la oposición con deseos grandilocuentes de pactos patrióticos y consensos generales rumbo al Bicentenario. El único que de vez en cuando evita disfrazar los objetivos es Duhalde. Su meta principal es borrar a Kirchner del partido y de la provincia de Buenos Aires para siempre. Entre esas bambalinas queda por descubrir si lo que viene para la Argentina es superación o nuevamente venganza.
(Columna dominical publicada en el diario Día a Día de Córdoba)