Conferencia en Posse

Otra maratón gratificante de la mano de la radio e invitado por el Ente Intercooperativo de Justiniano Posse. 230 kilómetros al sudeste de Córdoba Capital y con 9.500 habitantes, esta cuasi-ciudad espléndida de calles anchísimas y gente orgullosa de su pertencia nos recibió con gran calidez y hospitalidad. Cuna de Martín Demichelis, nos dimos el gusto de charlar de fútbol, Sudáfrica y Nelson Mandela con los chicos del 6 to grado de la escuela San José en “El Observador”. Luego en Enfoques pasamos revista al fenómeno del sólido cooperativismo en la región que se inculca y enseña desde la escuela primaria. En las fotos aparecen los “ángeles” anfitriones, las chicas que organizaron la visita y la conferencia el viernes por la noche para reflexionar sobre los 200 años del país, el presente y el futuro. Mil gracias a todos los que concurrieron, por todas las manos estrechadas y las muestras de afecto recibidas.

“Somos como estudiantes crónicos que se empeñan en repetir errores”

Salón colmado con cerca de 700 personas el jueves por la noche en la

Sociedad Rural de San Francisco

FOTO. “El pasado retorna cuando se quiere reinventar la historia todo el tiempo y en cada período barriendo la basura  debajo de la alfombra”, afirmó Pablo Rossi 
 
 
El  jueves, a las 20.30, el  periodista Pablo Rossi disertó en la Sociedad Rural de nuestra ciudad,en el marco de los 90 años de dicha entidad, invitado por LA VOZ DE SAN JUSTO, AM 1050 Radio San Francisco, Cadena 3 San Francisco y 88.7 FM Galaxia. Antes de su exposición, dialogó con este diario.

-La consigna de su charla es “Bicentenario: Aprender o reincidir”. Los argentinos, ¿aprendimos más de lo que reincidimos en estos 200 años?

 
Sólo basta echar una mirada por los diarios y observar los debates recurrentes, las antinomias que algunos quieren de regreso, la impugnación violenta al que piensa diferente y las tendencias autoritarias del poder para entender que somos como estudiantes crónicos que se empeñan en repetir errores. Pero si además recortamos el presente institucional como una foto y la colocamos en los decenios posteriores a 1810, volveremos a ver caudillos provinciales peleando contra el unitarismo del puerto para ver quién se queda con la mayor tajada de la renta. Claro que antes los caudillos o los feroces centralistas, enfrentados en batallas verdaderas, llegaban a ser personajes históricos con rasgos bien marcados y hasta cierto heroico romanticismo. Al lado de aquellos los de hoy parecen grises actores de reparto maquillados de mansedumbre y en algunos casos de indignidad. Pero en todo caso, más allá de las comparaciones incómodas, el hecho es que nuestro  país no ha llegado a perfeccionar con justicia la pauta administrativa básica del federalismo que expresa la Constitución.
 
-El regreso de la inflación pareciera ser una muestra de reincidencia. ¿Los argumentos de hoy son los mismos que los de ayer?

 

Pocos países del mundo han padecido crónicamente la inflación como la Argentina y sin embargo, en lugar de ser maestros de autoayuda para que otros no caigan en la tentación, somos ratones de laboratorio de nosotros mismos. Hace 50 años (Albaro) Alsogaray decía que la culpa de la inflación era de “verdurita” porque aumentaba como hoy la carne para (Amado) Boudou. En los 70’ llegaron a inventar un índice “descarnado” (sin la carne), como si separando la manzana podrida se arreglaran los otros precios. Bueno, el final de la bola de nieve fue la hiper del gobierno de (Raúl) Alfonsín. Hoy se vuelve a discutir si “un poco” de inflación está bien, o cuántos productos hacen falta remarcar para considerarnos dentro de un proceso inflacionario, o que la culpa es de los empresarios y comerciantes que remarcan, o que es una consecuencia lógica del crecimiento económico…En fin, todas estas discusiones idénticas y respuestas con cicatrices profundas ya la tuvieron nuestros padres y nuestros abuelos mientras el país avanzaba como el Titanic hacía el témpano.
 
- ¿Los gobiernos utilizaron la historia a conveniencia y como un aprendizaje?
La historia siempre ha sido un objeto maleable y de uso práctico para el poder; aquí, en Estado Unidos o en China. Ya lo dice la canción: “Si a la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia…”. El problema es creer que los gobiernos sucesivos han sido tan inteligentes como para manipular la historia como titiriteros con marionetas. Creo mucho más en  responsabilidades individuales y colectivas más complejas. Los gobiernos civiles y  militares hicieron del siglo veinte un espacio de inestabilidad perpetua porque la sociedad en cada tiempo lo permitió o lo reclamó a gritos y a golpes de cuartel. Después se actuaba como en esas tribus primitivas donde se quemaban en la hoguera al hechicero de turno para salvar los pecados del conjunto. Lo que se tradujo luego en la teoría del chivo emisario o expiatorio. Lo imperdonable de esa inconstancia crónica y ese lavado de manos a lo Poncio Pilatos de varias generaciones es la degradación educativa sistemática y progresiva que se instaló con indolencia. Como nos contaba recientemente a un grupo de periodistas el titular de la Academia de Letras de Argentina, hoy  los estudiantes secundarios en una mayoría pasmosa egresan de la escuela con el título de “castrado expresivo”. La reducción del lenguaje es la forma de reducir la producción de pensamiento y si no producimos pensamiento crítico estamos condenados a la repetición de nuestras taras más evidentes.

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Esquinas iluminadas de Chile

 

Camino por Santiago a pocas horas de una elección presidencial y me pregunto si hay alguna relación entre la estabilidad política de veinte años y los canteros de flores intactas, las luces navideñas que forman avenidas aéreas entre los plátanos, las calles sin basura a la vista, el parque automotor y el servicio de transporte moderno y silencioso, imágenes de ciudad con vestigios claros de orden y calidad de vida en su espacio público.

Me pregunto si algunas sociedades encontraron la fórmula para acumular y cuidar el aprendizaje democrático y a la vez seguir batallando con las carencias y las desigualdades que demandan muchos sectores postergados.

Chile exhibe hoy destellos de un país que decidió aglutinarse en torno a la ley, al respeto por la autoridad, y a la confianza en sus instituciones. Pero tampoco oculta que su fracaso en la educación pública hace migrar a miles de chicos hacia escuelas privadas subvencionadas. O el retraso en la cobertura de salud, o la necesidad de incrementar la protección social y reformar la jubilación privada sin expropiar el dinero de aquellos que vienen acumulando sus reservas a futuro.

Con veinte años de alternancia en el gobierno socialdemócrata de la Concertación, al Estado nunca se lo rifó escandalosamente ni se lo resucitó como un ogro voraz y castigador. Ni ausente ni asfixiante, regulador pero no intervencionista. Los gobiernos socialistas de Lagos y Bachellet nunca confundieron ideología con ideologismo, será por eso que sus relaciones políticas y económicas con Estados Unidos son de las mejores del continente.

Políticos de izquierda que padecieron el asesinato de la dictadura en sus familias tuvieron la templanza de hacer valer la justicia sin venganza cuidando que no se desgarre el tejido social en trincheras de rencor.

Me pregunto si esas cualidades constructivas tienen que ver con las chances de gobernar que se le abren a la nueva derecha chilena. Ya sin el fantasma de Pinochet, los candidatos a presidente debatieron cara a cara en cinco oportunidades con asistencia perfecta, en ellos, la seducción por el futuro primó antes que desandar las chicanas del pasado.

Me pregunto qué clase de madurez cívica tiene esta sociedad  que le otorga a la mujer que deja la presidencia con un reconocimiento personal del 75 por ciento y a la vez se dispone a confiar en el candidato opositor para los próximos años.

Algo hay en este lado B de la cordillera, en este pequeño país de orgullo nacional visible donde sus políticos se retiran sin escándalos de corrupción, ni enriquecimientos sospechosos, ni amenazas de calabozo para su jubilación.

Solo hace falta caminar con atención y mirar sin prejuicios ni viejas rivalidades  las calles de Santiago. Hablar con su gente, bordear entre arboledas el río Mapocho o mezclarse en el gentío del Mercado Central. Están allí, al alcance de cualquiera. Son pequeñas lecciones  valiosas en las esquinas iluminadas de Chile

Con Luis Fernández Echegaray en Estación Mapocho, Complejo cultural y centro electoral 2009

El amanecer de Alba

“No puedo creer que en una cosa tan chiquitita entre tanta información”.  Alba tiene 10 años, vive en el barrio La Boyada al oeste de Montevideo y cerca del cerro. Al lugar lo llaman la isla porque la construcción de la ruta profundizó su aislamiento del resto de la ciudad. Viven allí cerca de 5 mil personas y entre los jefes de familia se reparten albañiles, cartoneros, recolectores de basura, vendedores ambulantes, empleadas domésticas  algunos desocupados.

Alba tiene un rodete prolijo, y un moño gigante que brilla igual que su guardapolvo. Los chicos de la Escuela 95 no usan uniforme y tal vez  por eso la pequeñita parece pertenecer a un retrato de mi infancia. En el quinto grado que comanda la señorita Jimena hay alumnos desde los 8 a los 13 años sentados en bancos precarios entre paredes modestas. Además de la inocencia, la única igualdad real que se observa en esa habitación es una valijita verde y blanca que cada uno tiene abierta frente a sus ojos: es una computadora personal.

En la casa de Alba no se leen diarios, porque al barrio ni siquiera llegan. La radio no figura entre los hábitos familiares y de la televisión se eligen los dibujitos o las telenovelas como exclusivo entretenimiento. Pero desde que el gobierno uruguayo repartió en la escuela hace un año las XO, la vida en la casa se revolucionó.

“Con mamá no lo podíamos creer, cuando le enseñé que hasta podía buscar trabajo por Internet quedamos maravilladas”, dice Alba abriendo los ojos negros  del tamaño de la pantalla. “Ahora bajamos fotos, videos, hacemos cuadros que nos pide la señorita y sabemos que no hay nada que nosotros no podamos conocer gracias a la compu.

Le pregunto a la señorita Jimena como se hace para que un hogar pobre donde falta de todo se valore, se cuide y se comprenda el alcance de la XO. No hay que subestimar a la gente, me dice. “El trabajo fue en conjunto, con los padres y nosotros mismos que teníamos el miedo de quedar superadas por esa herramienta fascinante pero extraña, que podía darnos todo y también quitarnos protagonismo. Pero lo fuimos superando, con dificultades al principio y con otras que suman cada día pero con una sensación de que estamos viviendo la refundación del mito de la escuela pública”.

El gobierno de Tabaré Vázquez repartió ya 380 mil computadoras y no existe un solo alumno uruguayo de escuela primaria que no tenga la suya. El plan CEIBAL  (Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea) avanza firme para abarcar a los liceos (nivel medio). Los cuatro partidos opositores lo han ponderado como una “política de Estado” que cualquiera deberá profundizar.

Al mismo tiempo, en Argentina, los burócratas educativos inventaron las excusas más diversas: que eran caras, que el impacto en la escuela primaria iba a ser muy fuerte, que primero hay que tomarse el tiempo de preparar a los docentes y  para eso hay que tener tiempo para formar un plan y tiempo para ver si se puede conseguir la plata, que la tecnología es útil pero no es el paraíso etc…etc.. etc..

En fin.., me quedo con los ojos negros profundos de Alba en un barrio aislado y pobre de Montevideo. A ella nadie la embaucará. Ella está convencida de que la información y el mundo están encerrados en su cajita verde y blanca y que puede soñar con alcanzarlos.

 

Obamanía

EL LUGAR JUSTO EL DIA DESPUES:  Barrio de Harlem, 11 de la mañana del día 5 de noviembre. Estados Unidos había despertado después de elegir a Barack para comandar la Casa Blanca. estuvimos en el corazón de la “negritud” de Nueva York y más que euforia encontramos alegrías serenas que invitaban a reflexionar. Como la del morocho de la gorra que me dijo: ¡Ahora, my friend, se acabaron las excusas para nosotros. Si un hijo me pregunta por el futuro debo decirle que en este país puede ser lo que se proponga, hasta Presidente”

Negritud

No hay vida sin sueño. Como no hay realidad sin fantasía o no hay razón sin imaginación. El complemento de los opuestos es vital para la existencia. Pero al combustible hay que extraerlo de alguna parte o inventarlo. La esperanza, la ilusión, los anhelos, deben ser estimulados. Tiene que existir el objeto del deseo para dirigir allí la energía.

Barack Obama, el primer presidente con origen negro de la historia de Estados Unidos comenzó ganando para sí mismo la batalla: dar vida al sueño. El de Martin Luther King, el de Rosa Parks, el de Jesse Jackson, el de los guionistas de Hollywood y tantos otros que lo imaginaron antes. El niño nacido en Honolulu con genes keniatas hizo realidad la fantasía de millones de seres humanos que reconocen sus ancestros en esclavos traídos con grilletes desde el norte de Africa

¿Estados Unidos se convirtió anoche en el país más universal y diverso del planeta? Tal vez si en la fuerza de la imagen ¿Se acabó el racismo por el arte de la magia de los votos y los atributos del poder? Seguramente no. Pero anoche, la dimensión del sueño fue mayor que el imperio de una realidad más compleja.

“Es maravilloso ser negro en América esta noche”, me decía en Times Square una escultural mujer con lágrimas en los ojos. Sus tres hijos estaban tomados de las manos y asistían embelesados al espectáculo de miles de neoyorquinos blancos, mestizos, y orientales que junto a turistas de todo el mundo aullaban por Barack, un hombre delgado muy parecido a lo que ellos serán de adultos.

En 1962, los tranvías de Nueva Orleans se llamaban “Deseo”. No por la película que protagonizó Marlon Brando basada en la obra de Tennessee Willams, sino porque ese era el nombre de la estación donde terminaban su recorrido: Deseo

Esos tranvías estaban divididos por una raya blanca dibujada en el piso. La parte de adelante era más amplia y estaba reservada a los blancos (white only) la de atrás los “colored”, que eran, dicho sea de paso, la mayoría en la ciudad. Semejante línea había sido legalizada en 1896 por la Corte Suprema de Estados Unidos que había adoptado el principio sureño de: “separados pero iguales”

Tres años después, e 1965, la segregación racial fue suprimida legalmente por el presidente Lyndon Johnson que entonces dijo: “No estamos buscando la igualdad como un derecho o una teoría sino como un resultado concreto”.

Han pasado 48 largos años de aquella frase y finalmente el “deseo”, la fantasía, el anhelo de los negros amontonados en los tranvías de Nueva Orleans tienen un rostro concreto de sonrisa amplia, en una figura elegante y negra que habitará la Casa… Blanca.

Pablo Rossi

El Autor
Pablo Rossi

Nació en Córdoba el 03 de julio de 1971. Tiene 38 años, casado con tres hijos. Periodista de profesión, escritor de vocación y cocinero de oficio. Trabajó desde 1993 en gráfica, radio y televisión.
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