@pabloirossi ¿Qué nos trajo hasta aquí? A este barrio de maqueta. A la vida rigurosamente vigilada. A la armonía del gueto feliz para mis niños bárbaros
Cuando enciendo el IPad la respuesta se ha esfumado. La melancolía resiste apenas el tiempo y el espacio de 140 caracteres. Es como hacer una catarsis sublingual de efecto veloz contra el pánico a las preguntas incómodas. Así es la vida en esta red, pienso mientras permanecen mudos a mi alrededor los viejos libros que conservo desde la infancia. Deben ser ellos, vengadores inmutables, los que provocan el cuestionamiento matutino en grageas.
Ahora sí, aparece Twitter en pantalla y cobra forma el ritual hecho de palabras descartables.La marea humana de frases cortas te arrastra con hipnotismo hacia un mundo real que queda siempre en otra parte. Lejos de vos, cerca de todos. El no lugar de los aeropuertos y de los shoppings, el parpadeo eterno de un televisor en una sala de espera de hospital, en la cola de un banco.
Todos dicen, decimos algo a mismo tiempo. Nos saludamos, nos repetimos los unos a los otros, devolvemos gentilezas, descargamos ironía, noticias, fotos, hallazgos, insultos, soledad. Es la sociabilidad del instinto gregario. Porque sí. Porque somos animales en busca de refugio y ermitaños en una ronda cerca del fuego. Es la tecnología del minuto que aparenta lanzarnos a la comodidad del futuro y nos lleva en realidad a las mismas cavernas del pasado.
Creo que nací para habitar un mundo más lento y acompasado. Pero ya no recuerdo como era. Son las ocho de la mañana. Miro por encima de las lavandas que crecen frente a la ventana y mis vecinos llevan a sus hijos al colegio circulando con sus bólidos potentes a 20 km por hora. Es la regla de oro dentro de la maqueta. Es para recordarnos que en una civilización como la gente, los niños y los ancianos pueden caminar y jugar sin atropellos. Es un trayecto corto, nada del otro mundo, sólo un buen ensayo de minutos. Luego habrá suficiente espacio público para poner a prueba al caníbal que llevamos dentro.
Me preguntaba que nos trajo hasta aquí, a este mundo de libro de cuentos. A este simulacro vigilado.
Tal vez, la velocidad del miedo.
@pabloirossi
“…Dios es una conjetura. mas yo quiero que vuestras conjeturas no rebasen lo pensable…”
F. Nietzsche
Zarathustra, me has preguntado: “…Eres tú un primer movimiento, una rueda que gira por si misma? ¿Eres tú una nueva fuerza y un nuevo derecho?…”
Y siento la flecha de tu arco dirigida a mis entrañas. ¿Debiera confiar acaso en los sueños desvelados donde percibo las huellas difusas de una senda virgen? ¿Prestar oídos a la sombra tenaz que agiganta mi figura a contraluz de la pequeñez mediocre de mis pasos? ¿Qué debería hacer con esta llaga punzante y este espíritu insaciable?
Las voces de la utopía saben desplegar sus alas inalcanzables sobre mis metas. Y sin embargo ¿He de creerles y renunciar a la búsqueda?
Los agoreros y los fatalistas, los escépticos y los ateos esparcen sus fragmentos sobre la masa desprevenida. En la pornografía de sus voces metálicas se encuentra el cuchillo que rebana las conciencias y los sueños. ¿He de creerles y aceptar que sólo quedan vestigios de esplendor y piezas desmembradas? ¿Debería vestir de negro mis propósitos y asistir sin reprochar al entierro de mi Dios y de tu Superhombre
¡No Zarathustra! Yo reniego de ti, tu pensador y tu producto: el Superhombre. Y de los agoreros y de los pornográficos ateos.
Los dioses no han muerto. Sólo han desplegado sus alas para evitar que la carroña de los descreídos los infecte. Mas la carroña no perdura. Se transforma como toda la materia. Y el tiempo oportuno hace de la infección el abono de la tierra para nuevas hierbas…
Allí volverán los dioses. Dios multiplicado. Sobre las pasturas reverdecidas e ilimitadas de los nuevos hombres. Como aquellas aves que regresan cada vez que la primavera les marca su presencia.
No han de ser los superhombres…Sabios y profetas. La raza secular y virtuosa en la que creyeras. Seremos los imperfectos hombres de esta tierra y de esta era. Los mismos que ardemos en la llaga punzante y el espíritu insaciable. Los que soportamos el fétido olor de la carroña descompuesta pero creemos en la mutación de la materia y la ansiamos como al nuevo día donde las aves se posen nuevamente sobre nuestros hombros.
¡No lo acepto, Zarathustra! Yo reniego de ti, del único Dios conjeturable y del necio que no se atreve a tender una mano al dios que como una oportunidad se posa en nuestros hombros.
Tantos dioses como aves, tantas aves como sueños, tantos sueños como hombres dispuestos a volar hacia el encuentro de la primavera del mundo…
El Dios que me ampara se ha posado en mi hombro y siento que las hierbas crecen invisibles aún bajo mis pies
Ya no preciso de tus conjeturas ni de tus límites. Y respiro en mi imperfección una nueva fuerza y un nuevo derecho…un primer movimiento
Esta es mi máxima, Zarathustra.
Así habla mi espíritu.
La palabra prófuga
de algún pensamiento
que se arrincona sigiloso
entre los labios..
Se me escapa soñadora,
poderosa, abarcadora,
enérgica, idealista, seductora.
La palabra se me agolpa
a borbotones en la sangre…
que sangra silenciosa
los estímulos que faltan,
y las fuerzas necesarias,
y los espacios diminutos,
y los hombres pisoteando…
La Utopía. La palabra utopía,
mi utopía, la utopía motora.
La palabra…esa vengadora
de las voces silenciadas.
La blasfemia incorporada
en los discursos totales,
en las recetas mágicas,
en las proclamas…
La palabra arquitecta,
ingeniera y obrera…
La palabra esclava y libertaria
La palabra medida, mediatizada,
La media palabra…
La que se compra y se vende
por fortunas, por monedas…
o se regala…
La palabra prófuga
de mis pensamientos
me acota la angustia,
me entibia el alma,
me seca el sudor,
me lustra las alas…
y calla en mi boca, sabia,
para no reducir los sueños
…a palabras.
1991
Una estrella me vigila.
Lentamente en su infinito
alimenta cada día
este ser que necesito
La estrella me posee,
soy un reflejo de su brillo.
Una luz de aquel espacio
absorbiendo mi destino.
Soy un producto conformado
entre la nada y el sonido,
un alma que divaga
en cuerpo compartido
La estrella me conduce,
llenando parte del vacío,
El hombre complementa
lo material de mi sentido
No hay sueño en mi inconsciencia
sino señales de un camino,
que impulsan estos pasos
hacia fines concebidos
De mi vida no hay dominio
que se llame por su nombre,
Sólo se de aquel mandato
palpitando en mis latidos
Una estrella me vigila,
en cada noche que respiro.
Su resplandor está en los ojos
con los cuales he nacido…
Córdoba, 16 de julio de 1989
Allá a lo lejos y hace tiempo, Domingo F Sarmiento aseguraba frente a la persecusión que generaba su pluma que “las ideas no se matan”. El furibundo educador no imaginaba internet pero apostaba por la perdurabilidad de la inteligencia en los futuros combates contra la espada.
Tal vez hoy, montado en su I pad, observando la desesperación vana del régimen egipcio por cortar a los jovenes el acceso a la red o como los esbirros castristas acusan a Twitter de ser un vehículo imperialista, se sentiría un Julio Verne criollo.
De aquellas ideas flamígeras, derramadas en tinta para pocos, a millones de mensajes surcando un océano de sentido, a salvo de los poderes únicos y las ambiciones de manipulación.
El poder estalla y se disgrega. ¿Hay menos poder? No, probablemente sus fragmentos conserven todas las propiedades intactas. Lo que cambia es la geografía de su acumulación. Las nuevas tribus de nativos digitales tendrán el desafío de la organización de ese nuevo mapa interactivo.
Los últimos dictadores viven el asedio de una barbarie civilizada que no acepta la desconexión. Es la peor afrenta. Por eso vulneran sus sistemas centralizados de poder obsoletos.
Nadie sabe como se gobernará la nueva civilización armada de teléfonos móviles. Pero el viejo Sarmiento reescribiría en un tuit: la ciudadanía no se apaga.
Ocultamos el mosquito del dengue, a los pobres,
y a los pueblos que juntan en cacharros el agua.
Ocultamos, la inflación, la inseguridad, y el atraso,
en las estadísticas equivocadas.
Ocultamos a los chicos del paco, ocultos en las villas que crecen,
ocultas a la esperanza.
Ocultamos la diferencia, en los barrios cerrados,
en la indiferencia privada y en las cajas bancarias.
Ocultamos al desprecio en la dádiva
y al remordimiento en la acción solidaria.
Ocultamos y aprobamos la violación de la ley
con naturalidad de manada.
Supimos ocultar la impotencia con agresión
y la cobardía política con balas.
Ocultamos un Estado clandestino y asesino
“por amor a la Patria”.
Ocultamos a los chicos de Malvinas,
cuando volvieron a casa.
Ocultamos a los desaparecidos
hasta que “el juicio y castigo” se volvió ganancia.
Ocultamos la democracia
detrás de elecciones con listas sábana,
de candidatos truchos
y promesas subsidiadas.
Cada tanto nos ocultan y se esfuman
los ahorros y las jubilaciones, como si nada.
Será porque nos ocultamos cómodos y cínicos
detrás del caudillo que mejor miente,
o que mejor grita, o que mejor manda.
Nuestra virtud es la simulación, la viveza, la justa, la ganga.
Perdón…, si ésta no es la Argentina ,
también ocultamos un sueño y vivimos…
en la pesadilla equivocada.
El otro
Llora con lágrimas que mojan
la paz ausente, el ruido, el grito, el vértigo.
¡Mirá vos! parece que llora,
dicen los anónimos dedos sin alma,
los mensajes, los teléfonos,
los textos brutales.
Se cansa de mirar la nada
y las palabras nacen parias,
golpean, se deshacen, estallan.
¿Escuchan? No, retumban.
¿Esclarecen? No, desnudan
¿Sirven? No.
Amontonan, anestesian, adocenan.
¿Y entonces?
Por eso llora,
con lágrimas de agua propia,
cristalinas, saladas, defensivas.
Llora para devolverse íntegro al espejo.
Fuera de alcance,
invisible al gran resto que grita y no oye,
aturdido, anémico, amordazado.
Por eso llora.
Para volver a ser entre tantos.
Parece que dice, pero llora.
Porque hablar, habla cualquiera.
El otro