Ocultismo

Ocultamos el mosquito del dengue, a los pobres,

y a los pueblos que juntan en cacharros el agua.

Ocultamos, la inflación, la inseguridad,  y el atraso,

en las estadísticas equivocadas.

Ocultamos a los chicos del paco, ocultos en las villas que crecen,

ocultas a la esperanza.

Ocultamos la diferencia, en los barrios cerrados,

en  la indiferencia privada y en las cajas bancarias.

Ocultamos al desprecio en la dádiva

y al remordimiento en la acción solidaria.

Ocultamos y aprobamos la violación de la ley

con naturalidad de manada.

Supimos ocultar  la impotencia con agresión

y la cobardía política con balas.

Ocultamos un Estado clandestino y asesino

 “por amor a la Patria”.

Ocultamos a los chicos de Malvinas,

 cuando volvieron  a casa.

Ocultamos a los desaparecidos

hasta que “el juicio y castigo” se volvió ganancia.

Ocultamos la democracia

detrás de elecciones con listas sábana,

de candidatos truchos

y promesas subsidiadas.

Cada tanto nos ocultan y se esfuman

los ahorros y las jubilaciones, como si nada.

Será porque nos ocultamos cómodos  y cínicos

detrás del caudillo que mejor miente,

o que mejor grita, o  que mejor manda.

Nuestra virtud es la simulación, la viveza, la justa, la ganga.

Perdón…, si ésta no es la Argentina ,

también ocultamos un sueño y vivimos…

en la pesadilla equivocada.

                                                                                                          El otro

Purificación

Llora con lágrimas que mojan

la paz ausente, el ruido, el grito, el vértigo.

¡Mirá vos! parece que llora,

dicen los anónimos dedos sin alma,

los mensajes, los teléfonos,

los textos brutales.

Se cansa de mirar la nada

y  las palabras nacen parias,

golpean, se deshacen, estallan.

¿Escuchan? No, retumban.

¿Esclarecen? No, desnudan

¿Sirven? No.

Amontonan, anestesian, adocenan.

¿Y entonces?

Por eso llora,

con lágrimas de agua propia,

cristalinas, saladas, defensivas.

Llora para devolverse íntegro al espejo.

Fuera de alcance,

invisible al  gran resto que grita y no oye,

 aturdido, anémico, amordazado.

Por eso llora.

Para volver a ser entre tantos.

Parece que dice, pero llora.

Porque hablar, habla cualquiera.

                                                             El otro

El Autor
Pablo Rossi

Nació en Córdoba el 03 de julio de 1971. Tiene 38 años, casado con tres hijos. Periodista de profesión, escritor de vocación y cocinero de oficio. Trabajó desde 1993 en gráfica, radio y televisión.
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