¿Comunidad o zona franca?
En un pasado muy cercano la consigna era “que se vayan todos”. Catártica e imposible la frase quedó como emblema del hastío social ante la falta de respuestas generales. Hoy resulta que en ese mismo escenario donde en 2001 los legisladores se camuflaban para salir y evitar insultos y cacerolas se les pide que “vuelvan todos y trabajen”. Ayer no sabían cómo escapar sin ser vituperados. Hoy, después de haber recuperado la confianza manifiesta por el voto popular, diputados y senadores juegan otra vez con la paciencia del electorado y estimulan el crónico veneno del escepticismo.
Los opositores oscilaron entre la soberbia y la puerilidad. Primero entraron a la cancha revanchistas, como dueños de la pelota y anticipando el festejo de un partido que todavía no habían comenzado a jugar. En las últimas horas denuncian cabizbajos y con fingida ingenuidad que el rival oficialista los neutraliza haciendo goles con la mano. ¿Advertirán que la gente que votó por ellos en 2009, consciente del método que repudiaba, no optó por las excusas sino por el remedio? Si la consecuencia de la elección fue una derrota de la manipulación y las candidaturas engañosas, el resultado no puede ser un Congreso paralizado y “testimonial”.
El costo pleno de las bancas vacías será pura ganancia de Kirchner. No porque su victoria pírrica le devuelva los votos que perdió sino porque se los quita al resto de sus adversarios y los coloca en el limbo de la desconfianza popular y la anti-política. Es el triunfo de la astucia del fullero sobre la indemostrable inteligencia del conjunto. Pero también revela el despojo de estrategias y recursos que padecen aquellos que deben trabajar en la integración y el consenso. En ese punto es más escandalosa la desnudez de alternativas que la propia perseverancia autoritaria.
El obispo Jorge Casaretto describió algo similar cuando explicó el fracaso de un informe contra la pobreza que pretendía ubicarla en el plano de la emergencia nacional: “No se pudo acordar el documento por la alta fragmentación que hay en la Argentina”. Diplomáticamente se refirió a las vergonzantes internas entre industriales, banqueros y empresarios que reclaman soluciones de Estado a los políticos mientras ellos se esmerilan mutuamente en un océano de intrigas y conveniencias sectoriales.
Desde otra perspectiva, hubiera sido incongruente que algunos se rasgaran las vestiduras al lado de la Iglesia por los estragos de la inflación entre los pobres cuando vienen avalando con su mansedumbre y alguna que otra prebenda las extorsiones de Guillermo Moreno y la mentira institucional del Indec. Esos empresarios distan mucho de aquellos que hicieron posible los pactos de la Moncloa en España o los que contribuyeron unidos en lo esencial a la pujanza económica de Brasil.
En lenguaje jurídico, Argentina perdió su “afecttio societatis”, entendido como el vínculo capaz de aunar individuos en una empresa social común con la disposición de afrontar desafíos compartidos. Desde la carencia, más que una comunidad, el país parece una zona franca que convierte a cada habitante en un mercader de oportunismos.
(Columna publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba)





0 comentarios
Dejar un comentario >>