Año joya, nunca taxi

Si leyó el balance en algún diario o se sometió pasivamente a la enumeración de hechos políticos y económicos más relevantes del año, si pasó la prueba de inventariar las discordias públicas irresueltas o tuvo la peregrina idea de unir los problemas propios a la epidemia financiera mundial, usted, francamante tiene el estómago blindado o resignado.
Creo que si el 2008 fuera un auto usado y su cotización dependiera de los logros colectivos, sociales, de conjunto, sería simplemente …invendible.
Es por eso que a veces, el año viejo funciona como el chivo expiatorio de la aldea. Lo despedimos como si hubiéramos descubierto a la bruja culpable del pueblo. No tenemos hoguera en la plaza pero la quemamos entre fuegos artificales y acidez de estómago masiva después de la comilona de las fiestas.
No se preocupe, estoy vacunado. No le voy a ofrecer otra andanada de hechos negativos y conocidos como si estuviéramos obligados a retenerlos en la memoria. ¿Para qué revivir días de furia, marchas divergentes, mentiras estadísticas, discursos de barricada, votos no positivos o necedad con disfraz de ideología? Esos balances ocupan espacio pero pierden peso rápido por la selectividad de nuestro olvido.
El argentino medio está lleno de atajos para cubrirse de un mal año: siempre a corto plazo hubo uno peor y todos los peores acumulados no pudieron acabarnos. Es decir que, pese a los malos augurios generales, hay una alta probabilidad de encontrar un mejor año en 2009.
Será una tarea difícil porque el mundo entero sufre una epidemia de pronósticos agoreros y temores matemáticos que se difunden con el vigor de las profecías. Es curioso en si mismo el atrevimiento de calcular “el costo y duración de la crisis” o de creer los pronósticos de aquellos que no supieron distinguir a tiempo de qué color era el caballo blanco de San Martín en materia financiera.
Pero ¿qué sería un mejor 2009?. Cada cual responderá automáticamente según sus reflejos condicionados: ¿Que pierda el kirchnerismo las legislativas?. ¿Que gane y reparta mejor entre los que le obedecen sin chistar?. ¿Que el Gobierno fracase así ganamos todos los que no estamos con el gobierno?. ¿Que el gobierno triunfe así demuestra que los críticos son una minoría inofensiva con mucho ruido y poco poder? ¿Que la oposición se junte aunque sea con la nariz tapada porque hasta les cuesta olerse mutuamente?
Cualquiera sea la preferencia el resultado es un juego de suma cero. Ninguna probabilidad tiene un atractivo decisivo porque todos son objetivos incompletos, parciales o antinómicos.
Esos deseos sectarios terminan empobreciendo el horizonte y achicando las miras. Con ese panorama de exclusiones mutuas y de canibalismo político el futuro adquiere una forma sinuosa y oscura. Se vuelven inestables y añoradas las mínimas necesidades: mantener el trabajo, el poder adquisitivo, la obra social, la presente o la futura jubilación, las cuotas del crédito, el colegio de los chicos, la cuenta del supermercado.
En una palabra se “mediocriza” la atmósfera social de la mano de la emergencia perpetua y las posibles metas grupales se reducen al insaciable camino del consumo o de la guerra por la subsistencia.
Por eso los balances anuales resultan vomitivos. Porque nos devuelven un espejo veraz de nuestra pobreza asociativa y de las dificultades para salir del círculo vicioso
Este 2008 que se va es el muestrario más completo de las discordias clásicas que envuelven el mapa del país. Más que recordarlo, el año merece una autopsia y un entierro posterior.
Los futuros balances deberían contener episodios memorables de acuerdos políticos básicos y pactos económicos inteligentes que nos permitan avanzar como conjunto.
Parecerse a una comunidad y no a una suma de sectas nómades que se abalanzan sobre bienes y servicios buscando tajadas, revolviendo la carroña o construyendo relaciones de poder entre señores y vasallos.
No es justo convertir siempre en chatarra las oportunidades ni hacer de la historia una cronología de impotencias. Nos debemos una chance y que mejor que este año de malos augurios globales para torcer el destino nacional.
Pensemos 2009 con la astucia de esos avisos clasificados dominicales que vendían lo imposible:
Año nuevo flamante, joya, nunca taxi…!!

















