Memoria llena
Florida a las a las tres de la tarde en feriado es como una gran desesperación disimulada.
El puestero ambulante que no hizo un mango, el empleado de la casa de cueros que te arrastra al negocio balbuceando tres idiomas, los chicos que piden monedas a unos gatos sueltos, los turistas que buscan un café o una ganga en dólares sorteando invitaciones sexuales, camperas al costo, bandoneones de plástico y bailarines de cuarta.
Es como la única arteria con sangre en el cuerpo inmóvil del microcentro.
¡Venga my friend! ¿Vocé quiere chicas, o beautiful clothes?.
No, gracias maestro, le digo en cordobés básico para que afine la puntería con el cliente. Y como quien se deja llevar por la inercia pongo rumbo a Plaza de Mayo.
Antes de cruzar Corrientes ya conté nueve chicos de la calle dándole vueltas a la siesta para conseguir unas monedas. Algunos se reportan a la madre sentada en el piso con una criatura sostenida como bolsa de papas en su hombro. Otros ni siquiera se reportan y cuando piden gruñen algo parecido a un ruego. Ponen cara fiera los chicos cuando la gente hace como que no están.
Me digo que esos ojos negros y ennegrecidos van juntando memoria de miles de olvidos peatonales.
Mientras espero el semáforo, me llega de casualidad un tramo de charla entre otro niño y su padre que esperan la misma señal para cruzar
¡No me dijiste lo de la memoria, papá.
¿De qué?, dice el hombre que lleva una bolsita de la librería Cúspide
Del feriado
Es muy largo Martín. ¿No te lo explicaron en la escuela?
Si no tuve clases por el paro
Ahaaa, cierto, dice el hombre que debe tener mi edad y se lo nota avergonzado por el detalle que olvidó. Después lo salva el semáforo.
Se me pierden los dos y me quedo con las ganas de escuchar una explicación que debería dar en casa cuando los míos me la pidan.
Pero lo revelador ocurre cien metros adelante cinco minutos después
A la izquierda, tres muchachos y dos chicas con un megáfono, una mesita destartalada y un equipo de audio con fondo de Silvio Rodríguez reparten folletos del Día Nacional de la Memoria, el Nunca Más y juntan firmas para repudiar a los golpistas del campo.
Cuando me estoy acercando al grupo ganado por la curiosidad escucho detrás de mí un grito de mujer y veo correr a dos chicos con un bolso hasta la esquina de Sarmiento. Allí se suben a la moto de un tercero que esperaba y se escapan sin que nadie los detenga
La mujer es una turista brasileña que llora desconsolada mientras la rodeamos de consuelos inútiles tan, inservibles como nuestros reflejos.
Es suficiente. Olvidé a qué iba a Plaza de Mayo. Doy media vuelta y regreso por Florida que sigue allí como si nada. Vendiendo, comprando, pidiendo, esquivando, sobreviviendo
Camino anestesiado con el folleto de la memoria arrugado en la mano y vuelvo a ver los chicos de la calle. No recuerdo si son los mismos de hace media hora, si la madre que sigue con la bolsa de papas que llora es la misma, si los ambulantes son otros.
Día Nacional de la memoria. ¿A dónde la guardo si el presente pesa tanto y ocupa todos los espacios?





