Loco por Buenos Aires

Hace pocas horas me llaman de una radio de Madrid para hablar de Buenos Aires. Acepto sin pedir detalles y a la hora señalada entramos en comunicación con un programa que se emite en la madrugada de España.

 

De entrada me sorprende una cortina de Paloma San Basilio interpretando “Balada para un loco”. Yo estaba tomando un café en uno de los tantos bares de la calle Florida y el impacto fue indisimulable

 

Madrugada en España- dice con voz melodiosa el conductor- y vamos a hablar de Buenos Aires. Creo que hay dos ciudades que a uno lo vuelven loco, lo enamoran perdidamente aun sin conocerlas: Nueva York y Buenos Aires. No hay un solo amigo que haya viajado a la Argentina y que no vuelva hipnotizado después de visitar ese gigante gris que se levanta a orillas del río de la Plata, asegura.

 

¿Qué tiene Buenos Aires para que ocurra esto don Pablo?- Yo me quedo unos segundos eternos en silencio, primero por el shock de la comparación y luego porque en un par de palabras alguien acaricia los oídos de un argentino aturdido de banalidades con un halago exagerado

 

 

 Fragata Sarmiento en Puerto Madero por R@P

 

Pero luego pienso y digo: Hace casi cien años a nadie se le hubiera ocurrido sorprenderse por una afirmación semejante. Buenos Aires y Nueva York para el europeo mediterráneo eran dos puertos lejanos y hechizantes, dos urbes luminosas con pretensión de gran capital del viejo mundo

 

Y muchas veces Buenos Aires ganaba la partida con los poetas, los bohemios y muchos rebeldes y soñadores que llegaban a la tierra prometida. Lo que pasó después ya se sabe y no hay tiempo para contarlo aquí

 

Sólo le digo gracias a mi interlocutor allá en Madrid. Gracias porque se atrevió a poner en pie de igualdad el norte soberbio con el sur capitalino de una tullida ciudad, remachada, remendada, caceroleada y casi siempre descuidada

 

Le di las gracias porque me despierta una confesión manifiesta. Yo también miro a Buenos Aires con ojos hipnotizados de un viajero, de un hombre del interior que la camina desde hace casi una década y sigue preguntándose por el misterio de sus callecitas que tienen un no se que ¿viste?

 

Si, esta misma Buenos Aires del tachero que putea, del colectivero que avanza y se traga hasta la madre, pero también de la eterna calle Florida que es una calle del mundo donde se hablan todos los idiomas y se baila un solo baile, el tango

 

Aunque se empeñaron en rodearla con cinturones de pobreza y precariedad, Buenos Aires todavía tiene esos destellos de Madrid, un reflejo de París, los olores de Roma y en pequeños espacios una cierta flema sajona

 

Buenos Aires vive, es admirada,  es deseada y soñada aún por los que no la pisaron.

 

Capital de un imperio que no fue, de un país que en gran parte la detesta y a la vez se amontona en sus márgenes por la ley de la gravedad unitaria.

 

La maltratan, la vejan, le mienten, la embadurnan, la piquetean. Parece  que se deja y no se deja, como dice Cacho Castaña

 

Parece sólo una ciudad y en realidad es un poco todas

El último simulacro

 

Hay  en la Argentina 739  partidos políticos habilitados de los cuales sólo el 30 por ciento cumple el requisito mínimo de tener un 4% del padrón del distrito en el que se presenta. En los últimos 20 años se duplicó el número de organizaciones que buscan el voto del ciudadano (en 1986 había 376 partidos) pero la mayoría nunca llega a tener representación parlamentaria y una gran cantidad ni siquiera llega a las elecciones.

Pasamos entonces de la explosión y crisis de los grandes partidos a la multiplicación impotente de micro emprendimientos electorales figurativos. Una prueba de lo efímero de estos intentos es que sólo en el año 2006 se dieron de baja 148 partidos por pedidos propios o por incumplimiento de requisitos elementales

Este ha sido el campo propicio para que en pocos días asistamos a una elección que anticipadamente se ha convertido en el más vergonzoso festival de trampas y mentiras políticas que registre el actual período democrático.

Entre candidaturas truchas de intendentes, postulación de familiares para publicitar el apellido del caudillo, manejo discrecional de los domicilios para inventar residencias que nunca fueron tales y mil trucos más, en la provincia de Buenos Aires (capital nacional del simulacro) habrá 1480 listas  reales, colectoras y espejo usadas por oficialismos y oposiciones, todo debidamente avalado por la muy flexible justicia electoral.

 

Para dar un ejemplo basta mencionar que el vecino de San Isidro cuando vaya a cumplir con la obligación del voto tendrá que buscar su opción en un laberinto de 55 boletas distintas.

Si además se tiene en cuenta que el peronismo irá dividido entre oficialistas y disidentes en 15 provincias con lo que saldará otra vez su interna en una general y que las alianzas de alternativa se debaten entre sus desconfianzas y sus egos indomables, la conclusión es que estamos ante el grito imaginario de un crupier que vigila la timba política nacional: NO VA MAS !!!

Lo más patético del cuadro es que nos lleva de las narices a diciembre de 2001 y nos obliga a sacar conclusiones del tramo trascurrido entre el momento en que las muchedumbres tronaban: Que se vayan todos y no quede ni uno solo y éste presente en el que pocos se fueron y miles se sumaron a una farsa aún mayor cada vez más peligrosa.

¿Entonces? Es la política estúpido, diría en este caso un famoso asesor de Bill Clinton. Es la reconstrucción de grandes partidos, su democratización real con internas que sirvan de camino obligatorio para edificar consensos de base. Con aspirantes obligados a debatir sobre todos los temas y con todos los sectores. No más Pymes electorales, ni salvadores individuales ni nueva política en el peor envase viejo.

Tampoco alcanza con maquillajes formales como el voto electrónico o la boleta única, elementos que ayudan pero son aspirinas para un mal crónico mayor que requiere un compromiso prioritario de aquellos que condujeron por acción u omisión y participación a la debacle.

Están obligados a dar respuestas, a restaurar la dignidad y la funcionalidad del sistema, a buscar las nuevas plataformas, los principios básicos de un partido entre los grandes desafíos propios y globales.  Pero fundamentalmente están conminados a entregar sus egolatrías, sus individualismos, sus mesianismos salvadores de la Patria en pos de organizar otra vez las reglas de juego.

Pero nada de esto se logrará si no entendemos de una vez por todas que la vigilancia ciudadana no es eficaz  con el insulto o la catarsis de la queja a través de los medios de comunicación. Que el poder ciudadano individual en las nuevas generaciones es una realidad presente y no una promesa futura.

Allí están las redes sociales, los foros y las herramientas tecnológicas al alcance de la mano para exigir, para difundir, para organizarse, para debatir y respirar en la nuca de los futuros candidatos.

Ya es hora, es el tiempo de encontrar la salida al callejón porque la democracia no es un bien renovable si se la maltrata hasta el límite de la desfiguración. De no hacerlo puede hacerse realidad aquella advertencia del politólogo Guillermo O`Donell: “…corremos el riesgo de matarla por inanición. Despertar un día y que ya no exista”

 

Pablo Rossi

 

(Esta es una síntesis conceptual del contenido de la conferencia en Villa María a la que asistieron 750 personas que colmaron el Teatro Verdi)

 

Primera cita del año

Finalmente, allá vamos. Por invitación de las organizaciones mencionadas y a pocos días de las peores elecciones de las que se tenga memoria, el punto de encuentro para hablar de política, economía y futuro será Villa María. En breve les haré una síntesis a través del blog de los ejes de la charla.

El Autor
Pablo Rossi

Nació en Córdoba el 03 de julio de 1971. Casado con tres hijos. Periodista de profesión, mejor lector, escritor de vocación y cocinero de oficio. Amante del fútbol y del buen vino. Desde la cuna con Instituto y riverplatense por elección.
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