
Año 2010. “Hasta la victoria siempre, queridos hijos”. Es lo que se leía en un gran cartel con letras negras que coronaba el escenario del festival musical alusivo al Día de la Memoria en Plaza de Mayo. Es la frase más famosa de Ernesto Che Guevara con la que finaliza una carta dirigida a Fidel Castro en 1965 y le comunica que parte a otros campos de batalla para ampliar la revolución guerrillera cubana. La misiva culminaba con un legendario “Patria o muerte”.
En tiempos posmodernos, la consigna luce inofensiva, simbólica o idílica en millones de remeras, posters y souvenirs con el rostro del argentino que dan la vuelta al mundo de la mano de la industria cultural de masas. Pero aquí, un 24 de marzo, recordando el golpe del 1976 y como escenografía del discurso bélico de Hebe de Bonafini y su corte de artistas e intelectuales políticamente correctos, suena a reivindicación conceptual de la lucha armada.
Vestida con poncho rojo y con el puño en alto crispado, la mujer de pañuelo blanco más temida y justificada por la izquierda jurásica nacional dijo estar dispuesta a “dar la vida” por el proyecto de Néstor y Cristina, que cual padrinos mágicos financian con dineros públicos su emporio personal de derechos humanos a la carta. La misma señora que obligó a corregir el prólogo del Nunca Más porque, según ella, demonizaba también a esa divina juventud. Textual: “Nuestros hijos no eran demonios, sino revolucionarios, guerrilleros maravillosos y los únicos que defendieron nuestra Patria”.
La Argentina de hoy no es el país maduro y ejemplar que está juzgando hasta el último de los represores de una dictadura sangrienta. Parece más bien un campo minado de venganza y amor por la violencia auspiciado y propagado desde el mismo Estado. Sin las balas ni las picanas del Proceso, el sectarismo democrático de hoy se disfraza de memoria y la revancha de justicia. Los derechos humanos universales han sido capturados por una minoría reaccionaria que avala la persecución y el denuesto de los que se animan a objetarla.
El relato oficial ya no sólo pretende indultar la violencia preexistente al Golpe sino revestirla de una épica reivindicativa. Mientras tanto, el gobierno que comanda el Estado no duda en utilizar sus servicios de inteligencia, sus esbirros rentados y los canales oficiales para atemorizar opositores, jueces díscolos y periodismo crítico. La dualidad amigo-enemigo, patria-anti patria campea resucitada por esa facción que fabrica su combustible eternizando lo peor del pasado al servicio de la propaganda.
Beatriz Sarlo describió los discursos de aquel día como intentos de preservar y sumergir al país en un “fantasmático presente infinito”. Las mismas voces que paralelamente se alejan de la defensa cotidiana de los demás derechos humanos vulnerados e ignorados por el menú setentista . Por suerte, aunque lentamente, algunos progresistas más universales, amantes de una libertad sin vetos dogmáticos, van levantando sus voces para conjurar la trampa de la violencia discursiva que hecha sal en las heridas para justificarse.
(Columna publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba)
Para José Ingenieros “en ciertos momentos la nación se aduerme dentro del país. Los apetitos acosan a los ideales, tornándose dominadores y agresivos. Todos se apiñan en torno de los manteles oficiales para alcanzar alguna migaja de la merienda. La irresponsabilidad colectiva borra la cuota individual del yerro: nadie se sonroja cuando todas las mejillas pueden reclamar su parte en la vergüenza común”. Era su manera de describir las lacras morales que creía divisar allá por 1910, curiosamente en la Argentina del Centenario.
Imposible saber que diría aquel filósofo que despreciaba a viva voz a los traficantes del lucro y a la mediocridad del servilismo si se asomara por la vida pública nacional cien años después y tuviera que definir el vuelo corto y carroñero de la política como espejo del presente.
Un matrimonio que reina con gran astucia desde hace siete años con el pulso imbatible de una billetera todopoderosa. Una sociedad que saca boletos para la recuperación económica firmando cheques en blanco a un obsesivo compulsivo por el dinero como Néstor Kirchner. Esa misma sociedad que tardíamente descubre el exceso y busca remediarlo en las urnas votando opositores cuando ya se aguó la fiesta que disfrutaron pocos y la resaca se generaliza por la inflación.
En el Parlamento los debates se parecen a partidas de truco donde gana la picardía del osado o el que engaña mejor. El transfuguismo es un arte que va sumando cultores y multiplicando ganancias en bloques unipersonales. La virtud es anular al enemigo por el factor sorpresa, ridiculizarlo en la ingenuidad o comprar barata su conciencia.
En El hombre mediocre, Ingenieros dice: “Los gobernantes no crean tal estado de cosas y de espíritus: lo representan. Todo se miente con la anuencia de todos; cada hombre pone precio a su complicidad, un precio razonable que oscila entre un empleo y una condecoración”. Leer estas páginas es pensar en los gobernadores de provincias y sus urgencias tan conmovedoras. Esas que avalan siempre cualquier capitulación frente a la billetera unitaria y prolongan la dádiva como instrumento de dominio.
Esta es una renovada mediocracia, señores. Definida hace cien años como el lugar donde ”jaurías de mediocres vinculados por comunes apetitos osan llamarse partidos. Rumian un credo, fingen un ideal y reclutan una hueste de lacayos. Claman contra los abusos de poder, aspirando a cometerlos en beneficio propio”. Todo parecido con el presente no es mera coincidencia. Sólo falta agregarle nombres propios y lanzarlos especulativamente hacia la próxima elección idealizando una salida invisible entre alternativas que se parecen demasiado.
José Ingenieros sabía que muy pocos moralistas argentinos podían escribir tan categóricamente sin que les temblara el pulso. ¿Cuántos pueden levantarse hoy para rebatir aquella crítica de época convertida en predicción?¿Cuántos somos los aludidos y quienes los dispuestos a transitar el camino inverso? Dicen que prefería un solo convencido a cien admiradores literarios y que sería feliz si algún joven, por la lectura de sus páginas, se propusiera ser “el más virtuoso de sus contemporáneos”.
(Columna política publicada este domingo en el diario Día a Día de Cordoba)
Contra Kirchner viven y sin él se pierden. La frágil unidad de los opositores demostró existir únicamente en las horas calientes en que las ofensas del matrimonio maquinadas por el ex presidente les ardían en el rostro o en el orgullo político. Hasta hoy, sólo bajo el efecto de la humillación lograron cierta cohesión para quitarle mayorías en todas las comisiones del Congreso. Es la traducción clásica de la unión por el espanto que ya tiene cientos de capítulos fallidos en la historia nacional.
La semana fue un muestrario de desatinos y una carrera de ególatras que competían por llevarse como trofeo de caza la cabeza de Mercedes Marcó del Pont . Aceptaron escucharla ante las cámaras de TV, la dejaron ir sin ninguna pregunta y luego, recitaron monólogos de todo aquello que le reprochaban pero sin que la acusada pudiera responder. Más que parlamentarios honorables parecían vecinas acaloradas en una rueda de chimentos.
¿No la interpelaron porque ni siquiera lo merecía o por temor a no poder rebatir sus argumentos? La duda quedó expuesta por la dimensión de la torpeza. Gerardo Morales y Adolfo Rodriguez Saá fueron los responsables tácticos del papelón y respondían a las dudas periodísticas sobre el futuro de la presidente del Banco Central como si jugaran con las cartas marcadas. Tenemos los 37 votos, decían como si fueran los dueños exclusivos del patíbulo. La realidad demostró ser demasiado compleja para operaciones tan binarias, esas que le reprochan justamente al oficialismo.
El viernes los radicales hicieron retiro espiritual en Córdoba para poner algunas barbas en remojo y recitar consignas de unidad como mantras que les permitan disimular su carencia de liderazgos estratégicos. Elisa Carrió adivina las jugadas kirchneristas y juega de ultra para contener, según dice en privado, la candidez o las roscas habituales de los herederos de Alfonsín. Sólo que no puede con su genio y suele estallar desde la trinchera con dardos envenenados que luego dejan cicatrices en sus aliados de la Cámara Baja.
Mientras tanto, el peronismo federal es una tribu de caciques donde nadie quiere trabajar de indio. El primero que avisó con su gambeta fue Carlos Menem pero después se anotaron Verna, Latorre, Bongiorno en la lista de los indóciles. Sea por convicción propia, por el rechazo a dejar llevarse de las narices o por negocios con el oficialismo, ese sector será un pantano movedizo donde pueden llegar a sucumbir muchos incautos que se crean dueños de la manija parlamentaria opositora.
Es el desvelo de Kirchner para lograr sobrevivir y alimentar delirios de continuidad. Mantenerlos divididos, embarrados en su mismo lodo y exhibirlos peleando con las mismas armas que le reprochan. Con Reutemann “desentusiasmado”, Cobos maniatado en su doble juego, De Narváez pendiente de la Corte para entrar en carrera, Macri tironeado por la Capital y Duhalde luchando con su imagen negativa.
El vaciamiento existencial de la oposición necesita un lenguaje nuevo, buenos gestores y mejores estrategas. Necesitan comenzar a vivir sin Kirchner como excusa, para poder sobrevivirlo.
(Columna de opinión publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba)
Su atención por favor, señores opositores. No se pueden comer a los caníbales y luego proclamarse vegetarianos sacrificados con hambre de justicia. Por si no queda claro, la metáfora indica que responder a la autocracia K con otras prepotencias similares terminará dando un resultado de suma cero. Una especie de perinola nacional repetida: ponen algunos y pierden todos.
Es cierto que acumular humillaciones políticas durante siete años activa el gen de la venganza en cualquiera con sangre caliente en las venas, pero eso no otorga derechos extraordinarios ni justifica pagar con el ojo por ojo, diente por diente. La nueva mayoría variopinta e inestable en el Congreso puede constituirse en un freno al desenfreno pero no en una nueva hegemonía.
Esta fue la semana más larga y patriotera en lo que va de 2010 por su intensidad, su crispación y sus increíbles desatinos verbales. Una jefa de Estado que se burla del Congreso en su propia cara y disfruta del ardid de los decretos urgentes maquinados por su marido para esquivar cualquier freno y ponerse por encima de la ley. Una oposición que retoma el control del Parlamento y busca eyectar de un puntapié y en una tarde a la titular del Banco Central. Y la frutilla del postre con la misma Presidente, abogada de profesión, que en un discurso posterior ventila intimidades de una jueza, denuncia actitudes golpistas y amenaza con desacatar los fallos adversos.
En apenas siete días, el año del Bicentenario se convirtió en la escena donde los políticos del siglo veintiuno recrearon fielmente los tiempos de la anarquía del siglo diecinueve. Curiosa o pertinente manera de celebrar doscientos años de un país en el que la organización nacional resultó muchas veces una maqueta de cartón pintado.
¿Qué seguirá a continuación si la cordura no retorna a la mesa de los argentinos? ¿Cristina Fernández por cadena nacional anunciando que la quieren derrocar como a Zelaya en Honduras si no puede usar las reservas para pagar la deuda? ¿Néstor Kirchner vociferando en Olivos que si no le obedecen como a Luis XIV se va con su mujer al Calafate y le tiran por la cabeza el gobierno a Cobos?¿ El kirchnerismo rentado en las calles defendiendo la revolución de los subsidiados? ¿La oposición pidiendo a Duhalde y a Carrió una tregua para formar un gobierno patriótico de falsedad nacional? Como se verá, lo desopilante, después de lo escuchado y visto en los últimos días, no puede ser tan fácilmente descartado.
Un camino para alcanzar el sosiego y tal vez el auto aprendizaje sería, como propone el filósofo Santiago Kovadloff, que la sociedad reflexione con sincera humildad sobre su propia mediocridad. La que condujo en plena democracia y con votos legítimos a este campo de batalla, mentiras y agravios al por mayor que la envuelve en una atmósfera asfixiante. Y en esa vía de contrición sobresale especialmente una obligación de los opositores que hoy alzan tenedor y cuchillo para engullirse al matrimonio beligerante de un bocado.
Columna publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba
Hay litros de tinta vertidos en papel para demostrar que uno de los males crónicos del país es el caudillismo. Sus derivados son: personalismos, centralismos, autoritarismos, fanatismos, maniqueísmos y tantos ”ismos” como el ego y la ambición de poder de sus protagonistas permitan. Es obvio que su reiteración a lo largo de nuestra historia muestra al desnudo una sociedad proclive a engendrar y justificar estas deformaciones hechas a su imagen y semejanza.
La resurrección efímera de Carlos Menem, con su faltazo caprichoso al Senado el día en que la oposición se relamía confiada por la derrota kirchnerista, desnudó un momento patético de la política argentina. El ex presidente, acosado por unas cuantas causas judiciales y por el dolor de ya no ser, encontró su minuto para llamar la atención del país que lo “ningunea” aunque la acusación directa recaiga sobre antiguos compañeros leales que hoy le escapan como a la lepra.
La consecuencia fue un resquicio de oro que encontró el oficialismo para postergar su caída y burlar a una oposición que se miraba perpleja y ruborizada por no haber previsto la picardía del caudillo despechado. Fue muy revelador que Alberto Kohan homologara a su ex jefe con Martín Palermo, porque “dicen que está acabado pero de vez en cuando hace buenos goles”. Es la entronización de la viveza y la chicana como el arte de la política criolla.
Menem lo hizo y Kirchner lo disfrutó. Si, el mismo que se tomó los genitales cuando el primero asumía en la Cámara Alta. Los dos ex presidentes unidos por el cordón del ego deformado que no acepta el ostracismo ni la declinación. Al cuadro lo completó Eduardo Duhalde, miembro de la estirpe que sueña con volver a ser el que era, quien desde la periferia acusó de ingenuidad a la oposición y de falta de vocación de poder a ciertos sectores del radicalismo. El patrón de Lomas de Zamora navega entre un discurso ecuménico que comparte con Rodolfo Terragno y su promesa bélica de borrar a Kirchner del territorio bonaerense y hundirlo en las internas del PJ.
Son imágenes fuertes que indican un punto de inflexión o de desgaste de las viejas artimañas que luchan por mantenerse vigentes. La duda se presenta en los métodos de reemplazo que utilizarán aquellos que dicen estar asqueados de un gobierno extorsivo que potenció la discordia y le sacó rentabilidad a la división del país. Es una pregunta que campea los pasillos del Congreso donde por estos días se estrenan acuerdos frágiles entre adversarios crónicos.
¿Quién asegura que Julio Cobos, Carlos Reutemann, Elisa Carrió, Mauricio Macri o Francisco De Narváez no estén impregnados del personalismo y el egocentrismo que corroe la vida institucional de la Argentina? Algunos por exceso de locuacidad y otros por carencia de palabras prolongan con sus actitudes la desconfianza y la sospecha. Por ahora nadie asegura con pruebas concluyentes haber superado la trampa del genoma obtuso que nos condena siempre al carácter enfermizo de los caudillos.
(Columna publicada el domingo en el diario Día a Día de Córdoba)