El karma de los antipolíticos
Fueron promesas y hoy son problemas. Esta fue la semana en que Daniel Scioli demostró que lo testimonial no fue sólo su candidatura a diputado sino su capacidad de maniobra frente a las tormentas de la provincia. Mauricio Macri descubre que es más fácil hablar en tono de eslogan publicitario que mostrar pericia para salir de atolladeros creados por su propia torpeza.
El motonauta campeón que pudo manejar un bólido en aguas turbulentas y superar con hidalguía la pérdida de una mano hoy se da cuenta que eso que llaman gestión puede ser más peligroso y lacerante que una lancha a máxima velocidad. Scioli había sorteado siempre la caída en desgracia de sus padrinos políticos con gran cintura y poca lealtad. Aprendió rápido con Menem que la traición en el peronismo no es un pecado sino una condición para ser.
Se deslizaba por la política bañado en la imagen positiva de la joven promesa con sonrisa componedora y palabras escasas que hablaban de futuro en el medio de las carnicerías de sus compañeros. Todo funcionó a la perfección hasta que Néstor Kirchner lo abrazó como un oso y no como un pingüino. Al gobernador-motonauta se le acabaron los trucos para salir ileso de las desgracias ajenas.
Kirchner lo obligó a la indignidad política y al servilismo cruel de una marioneta que se dejó manipular hasta el ridículo. Mientras el titiritero era infalible, el muñeco se reía, y ahora que el circo se desploma por la necedad de su dueño, Scioli trastabilla inmovilizado por la mano que lo sacude caprichosamente y por su carencia de acción y convicciones propias.
Sólo así se puede explicar el terremoto político que arrojó del poder a su propio hermano, a un ministro de salud que fue elegido por famoso antes que por experto, y que el accidente de los Pomar y media docena de crímenes se conviertan en el emblema de la inoperancia policial y en la excusa para otra purga en la indomable bonaerense.
Todos estos escándalos se cocinaban a fuego lento mientras Scioli vivía ocupado en reverencias y giras proselitistas que ordenaba el jefe máximo para sus fines personales bajo la amenaza de castigarlo con el látigo de la billetera sino se mostraba dócil.
E l caso de Macri es de manual básico para estudiantes de derecho: nadie puede alegar desconocimiento de la ley o su propia torpeza. Se empecinó como un chico en sostener a un Jefe de Policía sospechado de espía que le armó en su propia casa un mini-gate y se llevó puesto a un ministro de Educación y dejó en capilla al de Seguridad. Como si esto fuera poco y ante la necesidad de exagerar con otros la firmeza que le falta, nombró a un intelectual como Abel Posse, cuya máxima virtud no es la cintura política sino sus convicciones dichas sin anestesia ante un elenco de actores pusilánimes.
Scioli y Macri fueron promesas políticas de un país que votaba los anti políticos. Hoy luchan por sobrevivir en el barro que despreciaron.
(Columna política dominical publicada en el diario Día a Día de Córdoba)




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