La tierra de nunca jamás
Si la realidad fuera cuento podría decirse que Cristina quiere ser y a veces actúa como Alicia en un país de maravillas. Sólo que en lugar de interpretar a la protagonista soñadora, ella, su marido y sus esbirros se comportan como el rey y la reina de corazones que en el relato viven exclamando que le corten la cabeza a todo el mundo que no piensa como ellos. Ojalá sus arrebatos fueran tan inofensivos como el de un mazo de barajas animado y la pesadilla acabara con sólo despertar. Pero los sueños… sueños son.
El viernes desde Córdoba la Presidente exclamó que “las cosas están yendo bien en esta Argentina de paz y mucho trabajo que queremos”. También pidió “mucha apertura para dejar de lado las diferencias y las peleas políticas o vanidades personales que no permiten ver las necesidades que tenemos para aprovechar otra oportunidad histórica”. Hubiera sido revelador pero impertinente que algún asistente al acto, entre los que estaban los gobernadores Hermes Binner o Juan Schiaretti , hubiera exclamado: ¡un psicólogo por ahí!
Porque si algo falta en el país de los Kirchner es paz. Si en algo se ha empeñado el matrimonio es en crear enemigos donde no los había, armar batallas contra presuntos verdugos conspiradores en cada rincón, actuar con soberbia y petulancia ante argumentos contrarios y gozar de una mirada sesgada donde sólo ingresan como súbditos aquellos que se abrazan a su causa con la fe ciega de los fundamentalistas. Los Kirchner se empeñan cada vez más en vivir en el país que devuelve un espejo dominado y complaciente.
Mientras Cristina Fernández ponderaba en la localidad de Porteña su propia política de subsidios para el sector lácteo, en el último mes cerraron cerca de 200 tambos de la cuenca cordobesa- santafesina. La paradoja es que el Gobierno argumenta que se produce la misma cantidad de leche y alienta de esa manera la concentración pasmosa de la producción en grandes manos y la desaparición de los pequeños que no pueden subsistir. Desde que Argentina decidió ensañarse con el campo en 2008, Brasil multiplicó sus tambos hasta llegar a casi 2 millones. Mientras aquí desaparecieron 160 mil establecimientos agrarios, el gobierno de Lula exhibe el nacimiento de 400 mil nuevos chacareros.
El bicentenario que recuerda el proceso de independencia de la corona española encuentra al país aislado financieramente, mintiendo su índice de inflación y colonizado económicamente por doscientas empresas brasileñas que ya dan trabajo a 200 mil empleados argentinos. La bonanza productiva automotriz se debe fundamentalmente a que más de la mitad de vehículos producidos localmente tiene como destino un dueño que habla portugués.
Pero la virtud más relevante del matrimonio ha sido su guerra contra los mensajeros que denuncian la falacia progresista. El estalinismo militante de la prensa oficial, regada con millones que paga el Estado a sus propagandistas, logra inocular en buena parte del país el veneno de la división y la antinomia. Es la tierra de las supuestas maravillas que detesta despertar por miedo a reconocer el hechizo.
(Columna publicada este domingo en el diario Día a Día de Córdoba)




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