La vuelta del enterrador

El Bicentenario se estrenará con un típico túnel del tiempo peronista. Duhalde volvió porque dice que nadie quiere, que pocos se atreven y que casi nadie puede armarle a Kirchner una “guerra de guerrillas” en la provincia de Buenos Aires “para echarlo definitivamente” del territorio que definirá su suerte o el ocaso en 2011.

Rompe su palabra de retiro definitivo porque se quiere “sacrificar” destruyendo el clavo que martilló oportunamente en 2003. Vuelve al mejor estilo caudillo de manual  hablando de “armar estructuras” y hacer pactos de la Moncloa reclutando lo bueno lo malo y lo viejo como una armada Brancaleone impregnada de justicia política para salvar al país.

Su argumento de ajedrez barrial cundo le preguntan si no está quemado en varios hervores para andar hablando de futuro es que el  ya dio paso a lo nuevo cuando bendijo a Kirchner y que el resultado fue un dirigente sin los grandes atributos de otros líderes del pasado y con más vicios por el poder que ningún otro.

Pero antes de aborrecer o indultar a Duhalde, de cambiarle el traje de bombero de 2001 por el de exterminador de pingüinos modelo 2011, hay que bucear en las fallas que posibilitan el retorno del pasado con gabinete incluido, aunque más no sea en la creación de expectativa.

El poder no es de los que miden bien en una encuesta de imagen favorable. El poder le sonríe primero a los que se le animan y después a los que saben convencer a una mayoría para administrarlo. Y el bañero de Lomas de Zamora puso primera y dijo “sí, quiero”, en medio una clase política susurrante y timorata que juega al juego del candidato fantasma desojando la margarita mientras el matrimonio de Santa Cruz manotea cajas, domestica empresarios, y pone precio a gobernadores e intendentes.

Esa es una explicación para el lanzamiento navideño del enterrador de Carlos Menem . La otra es el ejército resentido y mutilado que fue dejando Néstor en su guerra ciega contra todos (los monopolios, los medios, la derecha , el campo, las Fuerzas Armadas, hasta la izquierda insumisa). Son muchos,  lamentablemente, los que están dispuestos a cualquier apuesta que satisfaga su revancha contra el máximo humillador de la democracia presente.

Puede que sea sólo un sueño o una pesadilla de verano, y que tengan razón los susurrantes que critican a Duhalde por apresurado. Puede que el acertijo llamado Julio Cobos y su corte de radicales peregrinos sean los favoritos a largo plazo por descarte y no por amor. Pero nadie puede negar hoy  que a la Argentina del Bicentenario le faltan tantas luces como rostros frescos, mentes renovadas y atrevimiento político de aquellas generaciones que  están llamadas a sucesión.

Importa poco si los viejos caudillos hicieron de los partidos unos árboles estériles que envenenan sus semillas. El regreso de Duhalde debería sacudir la siesta de una sociedad quejosa  de sus gobernantes momificados con el poder y a la vez infértil para abonar un futuro con hambre de cambio verdadero.

 

(Columna política dominical publicada en el diario Día a Día de Córdoba)

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El Autor
Pablo Rossi

Nació en Córdoba el 03 de julio de 1971. Casado con tres hijos. Periodista de profesión, mejor lector, escritor de vocación y cocinero de oficio. Amante del fútbol y del buen vino. Desde la cuna con Instituto y riverplatense por elección.
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