Néstor lo hizo

Ni ellos podían creer la escena. Graciela Camaño caminaba resuelta rumbo al sillón de la presidencia y convocaba a la veterana Pinky para iniciar la sesión de jura de los nuevos diputados. Después de años de morder el polvo de la impotencia ante la mayoría impiadosa del kirchnerismo, (salvo la noche no positiva de Cobos)  los partidos opositores tenían oxígeno propio y  la escribanía oficial trastabillaba.

Cinco meses esperó la ciudadanía para verificar que su voto en las urnas del 28 de junio se podía traducir en un poder corrector y en freno a la angurria de la pareja presidencial. La jugada de adelantar los comicios produjo  un tiempo muerto en el que la política siguió el curso de los caprichos y la prepotencia de los que mandan y la falta de ideas y de  gestos de los que sólo aparecían como ganadores testimoniales.

Pero aún en la Argentina, donde muchos políticos y militares soñaron alternativamente con reinventar la pólvora, el país, la economía o la ley de la gravedad, los ciclos se cumplen inexorablemente y a cada Napoleón le llega su Waterloo.

Y Néstor lo hizo. Por obra y arte de su insuficiencia crónica para dialogar, condujo a su tropa de leales a ser víctimas de su propia medicina amarga. Era tierno, cuando no patético escuchar las voces oficialistas reclamando respeto institucional a reglas y a  pactos parlamentarios que se cansaron de ignorar por más de un lustro. Los paladines de las candidaturas truchas del mes de junio exigían respeto por el reglamento y apego a las buenas costumbres.

Del otro lado estaban todos, unidos por el espanto y no por el amor, por el hartazgo del maltrato y no por las ideas comunes, pero decididos a propinarle una lección a quien jugó de déspota con la billetera sin límites ni códigos. Los más elocuentes eran los pequeños aliados de la centroizquierda, convocados y seducidos para grandes batallas contra la derecha o contra Clarín y luego ignorados en la reforma política oficial que los condena a la extinción o a la cooptación.

Es una mayoría circunstancial, dicen los hombres de la Rosada para mitigar la derrota, y tienen razón. Apenas un vaso de agua en el desierto que obliga a la cautela. Hay muchos egos compitiendo por el protagónico  y muchas cacatúas soñando con la pinta de Gardel. El país político ha reaccionado apenas como un enfermo en coma profundo que abre los ojos después de un estado vegetativo. La salud todavía queda lejos y los millones de Néstor siempre estarán muy cerca, como una tentación  ardiente en un clima de indignidad pública.

El final del año se llena para la oposición con deseos grandilocuentes de pactos patrióticos y consensos generales rumbo al Bicentenario. El único que de vez en cuando evita disfrazar los objetivos es Duhalde. Su meta principal es borrar a Kirchner del partido y de la provincia de Buenos Aires para siempre. Entre esas bambalinas queda por descubrir si lo que viene para la Argentina es superación o nuevamente venganza.

 

(Columna dominical publicada en el diario Día a Día de Córdoba)

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El Autor
Pablo Rossi

Nació en Córdoba el 03 de julio de 1971. Tiene 38 años, casado con tres hijos. Periodista de profesión, escritor de vocación y cocinero de oficio. Trabajó desde 1993 en gráfica, radio y televisión.
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