Patrioterismo verbal

 Las palabras parecen esclavas del pensamiento, utilitarias a su servicio,  pero a  veces se levantan autónomas, poderosas y redentoras. De la incontinencia verbal de algunos modestos representantes de la comedia pública local, la palabra “bicentenario” escapó al marketing molesto y la repetición liviana en que había caído y estalló ante la vista de todos con su verdadero y profundo significado. Doscientos años cumple cualquier país relativamente normal, pero pocos llegan desnudos, divididos, opacos y mezquinos con su propia historia y su presente como la Argentina.

Bi significa dos y esa raíz elemental es la que dibuja mejor que cualquier efeméride el contorno de una sociedad “binaria”, reducida públicamente a las antinomias amigo-enemigo, patria-anti patria, pueblo-oligarcas o demócratas-destituyentes. Una sociedad “bicéfala” y “bifronte”, donde no gobierna uno sino dos, un matrimonio presidencial  que no es lo mismo que una monarquía hereditaria pero que destila su apariencia. Una sociedad  “bipolar”, que va del éxtasis a la depresión con regularidad e insistencia, que avanza por la vida cívica repitiendo errores ya cometidos sin anclaje en la experiencia y que busca salvadores en lugar de administradores, que vota propietarios y no inquilinos.

El lenguaje de la conciencia es más fuerte que la pompa. Al 25 de mayo de 2010 se llega con la cáscara imponente de los desfiles de ocasión y los  mega-eventos  espectaculares revestidos de celeste y blanco, pero ninguno disfrazará la realidad que destila una clase política empequeñecida hasta la insignificancia, reducida a la anécdota, incapaz de interpretar su rol de ejemplaridad ante el resto de los ciudadanos y a la vez su papel coyuntural, anecdótico y fugaz en el manejo del destino colectivo.

No es casual que a pocas horas de enfrentarse con la historia, con el tamaño de los héroes y los próceres, haya estallado una pelea de conventillo entre la jefa del Estado y el jefe de la ciudad de Buenos Aires por los mohines y los humores que los diferencian a la hora de sentarse en un mismo palco. No es casual que la sátira se dé en la previa de la re inauguración del principal teatro nacional. Porque cabe perfectamente en aquella frase de Carlos Marx: “la historia se repite una vez como tragedia y luego como farsa”. Los feroces combates de unitarios y federales, del puerto con el resto del país hoy se reducen a la mansedumbre de gobernadores domesticados en su propia medianía y al intercambio epistolar de novela de la tarde entre Cristina Fernández y Mauricio Macri por la velada del Colón.

De nada sirven los símbolos patrios multiplicados sin sustancia, la bandera desplegada sin ánimo común y la evocación de los constructores de la Nación sin la mínima voluntad de conjunto para convivir y crecer en las diferencias del presente. Será por eso que el lenguaje purifica y el inconsciente  surge revelador en medio de la propaganda vacía. El bicentenario argentino  evoca mucho más la división que impone su raíz gramatical que la ilusoria unidad que ponderan los discursos.

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1 comentario

Pipistrella dijo, Mayo 25, 2010 @ 8:36 pm

Desunidos y dominados.Más desunidos de lo que imaginó Perón y menos dominados de lo Néstor quisiera. Estos días nos han ahogado con tanto festejo,con tanta efusividad festivalera y no nos dan la oportunidad de pensarnos como Nación,como Patria.Hemos construído una cultura sobre un pasado que no quiere resignarse a aparecer solamente en los libros de historia y en los feriados largos.. Somos así,con esta marejada de argentinidad hasta el paroxismo.Armando y desarmando actos,afianzando nuestra identidad y emocionándonos al llevar nuestros colores en el alma.Aunque nos cueste ponernos de acuerdo.Y creo que ese es nuestro lenguaje,estar desunidos y en contra de todo.Lejos quedó aquella época donde los próceres salían de la revísta Billiken y uno trataba de armar la maqueta del Cabildo para llevar al cole,ahora los historiadores los sacan del bronce con la mísma liviandad que cuesta dar vuelta una hoja para leer la siguiente.Esta noche las aguas bajarán turbias para los císnes de Tchaikovsky y más de uno mirará de reojo la actitud de Macri cuando se corra el telón.Por mi parte,me sígo emocionando cuando escucho el hímno y me tomo ese tiempo para pensarnos como Patria. Hoy es 25 de Mayo,me pregunto si mañana seguiremos agitando las banderas con el mísmo fervor..por mi parte seguiré laburando para que pronto seamos un país mejor,voy a seguír apostando que el próximo voto mucha gente lo hará por convicción.Me gusta saber que hay chicos con proyectos,que hay gente que cree en ellos,aunque no salgan en las tapas de los diarios.Apuesto a ese futuro.Un abrazo.

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El Autor
Pablo Rossi

Nació en Córdoba el 03 de julio de 1971. Casado con tres hijos. Periodista de profesión, mejor lector, escritor de vocación y cocinero de oficio. Amante del fútbol y del buen vino. Desde la cuna con Instituto y riverplatense por elección.
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