Tomografía de una ambición totalitaria
Prefieren un ejército rabioso de leales a un equipo con voces diferentes. Eso es el kirchnerismo explícito: una jauría de funcionarios dispuestos a matar o morir verbalmente por las causas de su líder y jamás dar un flanco de duda o una mínima concesión al enemigo. Desde esa óptica el compañero de hoy puede ser el traidor de mañana por mínimas desviaciones, hasta que el círculo se vuelve tan pequeño que sólo queda lugar para el fundamentalismo. Desde esas alturas tribales se desplomó el canciller Jorge Taiana, empujado hacia el precipicio por su deslealtad al hablar con periodistas de Clarín, o por su discrepancia con el romance bolivariano o cualquier herejía por el estilo.
Sale Taiana, entra Timerman. Se va un moderado que aún en la obediencia debida de una diplomacia errática supo cosechar respetos ajenos por su perfil profesional razonable. Llega un fanático convencido de que hay que limpiar a los medios de plumas hostiles y voces opositoras. El futuro canciller ha descollado más como francotirador contra los críticos del Gobierno en programas propagandistas que por su capacidad conciliatoria. Un verdadero cuadro para los vientos de guerra que propicia el Gobierno en su plan perpetuidad 2011.
El laboratorio electoral de Olivos está viviendo horas febriles de la mano de Néstor Kirchner. Allí se ensayan cien experimentos por día para prolongar “la buena onda” desatada en las calles por efecto del Bicentenario. Todo se analiza y se combina sin pudor por las formas. Desde un decretazo para apaciguar a jubilados que están debajo de la línea de pobreza, al plan de aprovechamiento de un hipotético triunfo en el Mundial o la estrategia para cooptar, comprar o silenciar periodistas y medios críticos con la abultada billetera oficial.
Por las buenas o por las malas. Así como se engrosa la lista de ministros caídos en desgracia por desobediencia debida: Alberto Fernández, Graciela Ocaña y ahora Jorge Taiana, aumenta la presión para los que quedan en la trinchera y deben ejecutar con pelos y señales la partitura bélica del matrimonio. La meta general es doblegar a los factores de poder con razones o sin ellas. Con la AFIP, la SIDE o los brazos piqueteros. Con jueces manejables o militantes pagos. En ese sueño hegemónico sobresalen Clarín y Papel Prensa como los trofeos de caza mayor que le faltan en la vitrina.
La ley de Medios es el instrumento más sofisticado con el que se dispone a construir el gran relato oficial de la epopeya revolucionaria de la Argentina en el siglo XXI. A la manera de un gigantesco diario de Yrigoyen pero con impronta chavista y mucho más eficaz a la hora de multiplicar votos, ya comenzó con el reparto de millones decodificadores digitales para el conurbano y avanza a paso firme para consolidar el multimedios pingüino con la colaboración de empresarios y periodistas que reciben sendas recompensas por su militancia.
Es la cruzada final de una pareja sin escrúpulos. Un espacio radicalizado y sin lugar para los débiles.




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